Mi pena eterna


Mi eterno desfallecer comenzó un 10 de Julio de un año cualquiera,  de una tarde cualquiera donde el sol resplandeciente trataría de secar mi llanto, de una hora cualquiera que recordaría con dolor. Mi eterno vacío fue el descanso de un alma que se llevó la mía envuelta en inocencia. Escribiré estas letras con melancolía mientras lloro sobre los recuerdos...

Anochecía y la tragedia venía por las calles lentamente caminando entre los suburbios. Sentada a su lado pensaba en los días futuros, en los momentos de éxtasis, en los soles que nos iluminarían al correr. Esa noche sería la última noche en la que yo sería yo. Mientras ella dormía entre agonías yo vivía con pesares que quedarían de por vida. La madrugada llegó y trajo consigo recuerdos con fragmentos de culpa a mi corazón. Pasé cada segundo de ese frío amanecer a su lado, acariciando esa pedazo de nube que horas después regresaría al cielo, escuchando lamentos que luego marcarían mis pasos.

Amaneció y vi una esperanza en el horizonte. Me desvelé aquella noche sin pensar qué sería nuestro momento más memorable, más sublime y puro. Después de haber soñado y haberme desconectado del mundo por unos minutos desperté sin saber que luego hubiese querido seguir soñando. La vi allí, como siempre la veía, en el lugar donde siempre la veía, con esos ojos encantadores que siempre veía. Lo triste fue que, minutos después, ese "siempre" ella se llevaría.

Mi corazón latía cada vez más con una ilusión que luego la vida rompería causando esa agonía que escribe ahora. Recuerdo verle bajo el sol, como en aquellos días de primavera en los cuales compartía mis sonrisas consigo, no hablaba, pero su mirada me decía poesía. Me senté junto a ella para darle vida. Mi mano sostenía su cara y sus ojos sostenían mi alma.  Sin saberlo,  la ví por última vez con su corazón vivo. Lo siguiente solo fueron lágrimas, preguntas, gritos, tristezas y ganas de irme con ella a los infinitos cielos. Luego de haberme quedado sentada junto a ella llorando y recordándola, fui a buscar en los cielos una respuesta,  quise ver si allí volvería a ver su sonrisa. Lloré mi alma.
Al otro día, la llevé en mis brazos y caminé consigo como ayer, le hablé desde mi alma, le dije que la recordaría y muchas cosas que ella se llevó a la tumba, y yo me llevaré mañana también. Ese ángel que me acompañó siempre y que me dió sonrisas.

Fue Bambi, una mascota, más amiga, más vida, más inspiaración, más poesía pura, más pureza.

Vanessa Pérez (c) 2012

3 comentarios:

Andrés Altea dijo...

Precioso relato dedicado a una mascota. Me identifico plenamente y comparto la tristeza de la autora ya que a muchos de nosotros nos ha ocurrido que hemos perdido a un SER QUERIDO, de esos que dejan la casa llena de pelos y también de cariño.

Anónimo dijo...

Sencilla forma de expresar algo complicado.

Anónimo dijo...

Un beso Vanessa, esa forma de sentir que expresas no todo el mundo tiene esa afinidad y ademas lo plasmas muy bien en tu relato porque llega al corazon y mente.