La última sonrisa


Wilhem rebuscaba inquieto en los cajones de la mesa de su despacho. Los abría con brusquedad, examinaba su interior y, al no encontrar lo que estaba buscando, los dejaba caer al suelo.

De vez en cuando echaba un vistazo por la ventana, apartando la cortina, que dejaba filtrar una luz  tenue, de una tonalidad rojiza, dando un toque más surrealista, si cabe, a la escena. Se detuvo un momento para contemplar el retrato de su esposa y su hija, que se había caído por los frenéticos movimientos de Wilhem, y lo colocó con delicadeza en su posición original sobre la mesa.

Ese último año había sido especialmente duro y amargo para él y para todas las personas que conocía. Pero ya se había despedido de aquellas que le importaban. Después de eso solo le quedó luchar hasta su último aliento, mientras todavía quedase un resquicio de esperanza a la que aferrarse. Lamentablemente para él, ésta se desvaneció a la par que el ejército.

Los encolerizados soldados rusos golpeaban las puertas con sus fusiles, y las abrían golpeándolas con los pies. Ahora se aproximaban a su casa.
No recordó que había escondido la cápsula de cianuro dentro de la caja de puros. No lo recordó porque, cuando se la entregaron unos meses antes, pensó que nunca la necesitaría. Era optimista por naturaleza y creía firmemente que la guerra daría un vuelco de ciento ochenta grados y que Alemania terminaría venciendo a su odiado enemigo.

Cuando los soldados rusos entraron en el número 86 de la Prager Strasse, se encontraron con el cadáver de un joven oficial alemán yaciendo sobre una alfombra teñida de sangre. En el suelo lucía majestuosamente, junto a la mano izquierda del muerto, una Walther PPK de 8 milímetros. Un muerto que exhibía una grotesca mueca, un simulacro de sonrisa, haciendo que un escalofrío recorriera la espina dorsal de aquellos muchachos vestidos de soldado.

giorgiopay (c) 2012

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Una vez mas nos elogias con otro de tus relatos con un final feliz basado en la segunda guerra mundial. Eres un crack.

La Esfera Cultural dijo...

Hola:
Hemos estado analizando tu blog y tu literatura, nos parece muy interesante.
Te convocamos a participar en Historias de portería
Aquí más info: http://programalaesfera.blogspot.com.es/p/convocatoria-historias-de-porteria.html
Un saludo,
La Esfera Cultural

Aymara dijo...

Cómo condensar una buena historia en unas pocas líneas. Un cordial saludo desde Panamá.

juan alon vaz dijo...

en mi ignorancia sobre la segunda guerra mundial este relato me ha hecho saber que no solo el saber ,sino el leer no ocupa espacio sino que nos llena de sabiduria. sigue escribiendo relato asi.