Súcubo



Nunca pude ver su rostro completo. Aquella noche de reyes, mientras todo el mundo dormía y esperaban la recompensa por haberse portado bien a lo largo del año, yo me encontraba realizando la ronda del museo de las dos de la madrugada. En mi mente rondaba la idea de que este año,
a menos que me tocase algo a la lotería, jamás saldría de este aburrido trabajo.
La verdad es que no me puedo quejar mucho, y menos como está la situación en el país, pero sinceramente no me veo con sesenta años y guardando polvo como la mayoría de los objetos que hay en este lugar. Cuando regresé al cuartucho para deleitarme con un chocolate calentito y un trozo de roscón que había conseguido birlar a mi madre, ella estaba allí. La verdad es que no creo en los reyes magos, pero ver a una mujer solamente vestida con un colgante y fumando un cigarrillo, con un toque que solo una femme fatale de esas de las pelis de cine negro puede darle, hace que uno se replantee sus creencias al respecto.

-Perdone señorita, no sé si se ha dado cuenta pero esto es un museo y, como indican las reglas internas y las aprobadas por el Gobierno respecto a los lugares públicos , usted está infringiendo una de ella al fumar en un lugar cerrado. Ruego que apague de forma inmediata el cigarrillo.

Ella no dijo nada. Los nervios me recorrían todo el cuerpo. No es que no haya visto mujeres desnudas de carne y hueso en mi vida, pero las formas de esa mujer llamaban a mi parte lasciva de una forma salvaje. El humo del cigarrillo le ocultaba parte del rostro y ahora, después de lo acontecido, diría que también lo expulsaba por la yema de los dedos.

-Tendré que tomar medidas al respecto.

Ya lo sé, parecía que estaba hablando un actor de una peli porno y no con un vigilante de museo rodeado de cultura y reglas, pero mi mente se estaba nublando. Y no solo era por el humo que me estaba rodeando. Debía asegurarme de que esa mujer era mi regalo de reyes. Debía asegurarme de que Melchor se había acordado de mí. De que me debía una de cuando tenía ocho años y aquel año me trajo una baraja de cartas en lugar de la PS3 que le había pedido, y para la cual me había esforzado en portarme bien durante casi todo el año. Debía asegurarme o me denunciaría por violación.

-¿Es usted mi regalo de reyes?- Pregunte de forma estúpida, pero eso si manteniendo ante todo la educación.

Ella no dijo nada. Sus labios carnosos solo se entreabrían para dejar escapar el humo del cigarrillo y para ponerme más nervioso. Mantuve la distancia aunque sus turgentes pechos, su cadera de curvas perfectas y su… Debía de contenerme aunque en mi mente ya me la estaba tirando sobre la mesa y chupaba su cuerpo recubierto del chocolate que me esperaba impaciente cerca del televisor.

El roscón seria para después, ya que yo no fumo. Ella se acerco hacia mí. No tenía miedo en mi mente. Solo albergaba la idea de que era mi regalo de reyes y que mientras andaba separaba las piernas. Y eso sí que despertaba algo en mi. Me desnudó poco a poco, sus dedos estaban negros como si los hubiese introducido en pintura, pero estaban muy calientes y sabían donde tocar. Seguía fumando. Y la neblina producida por el cigarrillo nos envolvía para mantener una intimidad entre ambos ante los curiosos disecados que poblaban el exterior. Ya no pude más y, antes de que pudiera abalanzarme sobre ella y dejar escapar mis más salvajes instintos, me lanzó contra la mesa. Me estampó contra el roscón y sentí en mi espalda que tenía sorpresa y que esta se me había clavado en ella. Pero no podía ahora preocuparme de ello. Salvo por el humo y la negrura presente en dedos, pezones y en algún otro lugar de su hermosa piel, fue una noche muy especial. Nunca pensé que pudiese aguantar tanto.

Cuando creía que ya no podía más, ella se ocupaba de que no fuera así. Era incansable. Y cuando estuvo satisfecha me dejó y yo me dormí. Cuando me desperté ya no estaba allí y el humo había desaparecido. Nunca dijo nada y nunca dejó que besara sus carnosos labios y me hubiese gustado hacerlo para contrastar el gusto a humo y carbón que tenia. Un regalo de reyes con sabor a carbón. Curiosa ironía.

Juan Manuel Ortiz (c) 2010

8 comentarios:

El cañas (Almeria) dijo...

Gracias Juan Manuel por este relato porque todavía nadie se ha atrevido a postear uno de este género. Me ha gustado y como todo aquel que lo lea recordara algun momento que le haya pasado algo semejante. Me ha puesto bastante morcillón solo con leerlo.

Anónimo dijo...

La idea no está mal, pero está mal escrito, con muchas faltas ortográficas y gramaticales...demasiado obvio.

Anónimo dijo...

parece un borrador.

Un escritor anónimo dijo...

Enhorabuena a Juan Manuel porque puede presumir de haber publicado en esta web varios de sus relatos, algo que no todos podemos decir. Y por algo será.

Anónimo dijo...

ese último comentario lo debe de haber escrito el propio Juan Manuel..no sé cómo serán sus anteriores escritos, pero este último deja mucho que desear. Estoy de acuerdo con uno de los comentarios publicados: parece un borrador al que no se le ha prestado la atención necesaria antes de publicarlo.

Anónimo dijo...

a

Anónimo dijo...

Me gustó mucho más N18, del mismo autor.Se podría haber sacado mucho más jugo de esta historia. Pero que a mi no me haya gustado excesivamente, no significa que sea un mal relato. Un saludo a todos.

Jhana Viza Nassco dijo...

hola amigos, estoy enganchadísima a vustra página y tambien felicitar a todos los que han aportado sus relatos porque todos los que he leido son muy buenos.Lo que diferencia esta pagina de otras que visitado es el audio.Un beso para todos.