Alguien como yo


Sucedió hará cosa de un año. Conocí a una tal Linda de la manera más catastrófica. Yo conducía mi recién estrenado automóvil y todo parecía ir a la perfección. El día era soleado, en la radio sonaba una de mis canciones favoritas y el tráfico, incluso en hora punta, era fluido, para variar. Aquello me sorprendió. Así que me encontraba de lo más relajado y feliz, algo insólito en mí. Abrí la ventanilla del coche y por unos momentos pensé suspirando - ¡qué buen día para echar un polvo! - . Mientras esperaba en los semáforos a que la luz cambiara de rojo a verde, observaba a las jovencitas pasear con sus hermosos escotes, sus interminables piernas y sus enormes y firmes culos. Todas ellas me parecían preciosas. A todas les hubiera dado un buen meneo. Estaba tan salido, que se me empezó a poner dura sólo de imaginar a una de esas nenas bajo mis sábanas. Corrían malos tiempos para mí. Así que sólo me quedaba la imaginación.
Por aquel entonces yo era un tipo ocioso, únicamente me dedicaba a jugar. El póker era lo mío. Había tenido una buena racha y la supe aprovechar. Gané bastante dinero como para vaguear durante un buen tiempo, sin tener que aceptar trabajos de mierda. Así que me dedicaba a ir de aquí para allá, sin rumbo fijo.

Ese día había decido pasarlo en la costa, lejos de la ciudad. Así que tomé la autopista, cerré la ventanilla y busqué en mi bolsillo mis Marlboro y el mechero. Me puse el cigarrillo en la boca y cuando iba a encenderlo, el mechero se me cayó. - ¡La puta que lo parió! - maldije.
Aminoré la marcha y me agaché un momento para ver si lo encontraba. Por fin lo localicé, lo tenía en mi mano pero en el momento de incorporarme, justo cuando entraba en zona de túneles, de repente lo noté - ¡Crash! Todos los coches estaban parados y choqué con el de delante. El que venía detrás de mi tuvo tiempo de frenar.
El golpe no fue muy fuerte, pero estaba aturdido, algo mareado y con el pulso acelerado. Sin embargo no parecía tener ninguna contusión. De repente pensé en el conductor del vehículo al que había golpeado. Iba a salir para ver si estaba bien, pero no me dio tiempo. Los coches que estaban detrás del mío empezaron a tocar el claxon al unísono.
Entonces apareció ella. Salió del coche con el que había chocado. Era realmente bonita. Preciosos pechos, larga cabellera negra, algo bajita, pero bien formada. Me sentí un enfermo. Acababa de tener un accidente y sólo se me ocurría pensar en echarle un polvo.
Ella parecía cabreada y muy nerviosa, pero yo también lo estaba, no era para menos.

- ¡Serás hijo de puta! - me espetó. - ¿No has visto la señal en el panel luminoso 2 km más atrás que decía: PRECAUCIÓN. RETENCIÓN EN EL TÚNEL? - Tenía razón. Iba tan absorto pensando en mis obscenidades que ni si quiera me fijé en los jodidos paneles luminosos.
- Lo siento mucho - fue lo único que supe decir - ¿Estás bien? - Ella no me respondió. Se quedó mirándome unos segundos y luego se desmayó. Me acerqué tan rápido como pude a ella y empecé a darle palmaditas en la cara. Un grupo de personas de los coches contiguos intentaban ayudar.
- Eh, eh - le decía mientras intentaba reanimarla - ¡recobra el conocimiento, por favor!
En ese momento llegó la policía y una ambulancia. Menos mal que a alguien le daba por pensar cosas sensatas, no como a mí. Justo entonces ella volvió en sí.
- ¿Dónde estoy? - dijo
- Hemos tenido un accidente. ¿Recuerdas? – No me respondió. - ¿Te acuerdas de tu nombre?
- Creo…sí. Linda - dijo con voz tenue - ¿Qué ha pasado?
- Hemos tenido un accidente. Pero estás bien. En realidad ha sido mi… - no pude terminar la frase.
- Vamos, vamos. Hay que llevar a esta joven al hospital - dijeron los tipos de la ambulancia - ¿Usted está bien? - No me dejaron responder. - Tendrá que venir con nosotros también.
- Pero… ¿y el coche?
- No se preocupe por eso. La policía se encargará de eso. Una grúa se llevará los 2 coches a esta dirección. - Me dio una tarjeta que decía: DEPÓSITO LOS 2 HERMANOS. De todas formas, no parece que tengan muchos daños.
- Veamos, ¿puede caminar? Métase en la ambulancia - . A Linda ya la habían subido con una camilla. Estaba despierta. Parecía calmada. Más bonita incluso que antes.
Nos quedamos los dos en la parte trasera. Ella tumbada y yo sentado, a su lado. Nos llevaban al hospital más cercano.
- Siento mucho lo que ha pasado. Quería decirte que ha sido mi culpa. Hice una tontería. No prestaba atención.
- No te preocupes - dijo ella - Lamento haberte llamado hijo de puta.
- Realmente lo soy - . Ella esbozó una sonrisa.
- Por favor, quédate conmigo - . Me tendió la mano. Yo la acepté.
No hablamos más. Cerró los ojos, pero sabía que no dormía. Llegamos al hospital. Yo estaba perfectamente, ni si quiera dejé que me viera un doctor. Me quedé allí esperando a Linda. Era lo menos que podía hacer. Después de 5 horas de espera salió sonriente.
- ¿Qué ha pasado? - pregunté.
- Tranquilo, estoy perfectamente. Gracias por quedarte - . Le ofrecí un poco de agua que había comprado en una máquina expendedora. En aquel hospital de mierda seguro que ni le dieron de beber. Se la tomó entera. Veía subir y bajar su garganta mientras bebía y noté que ya volvía a ser yo mismo. Mi intermitente se activó. Sucio y degenerado cabrón - pensé.
Decidimos ir a buscar los coches juntos y arreglar el tema de los partes para el seguro. El depósito estaba a 1 hora de camino del hospital. Así que cogimos un taxi y nos dirigimos allí.
Por el camino se la veía relajada. Con la mirada perdida. Yo sólo podía mirar su escote y creo que ella se percató.
- No te preocupes - dijo - tú también me gustas - . Sonrió. Me dedicó una mirada lasciva y me tocó la entrepierna. Luego me besó. Y me besó. Casi me engulló. El taxista nos miraba por el espejo retrovisor. Debió pensar - que tipo con suerte - . Y tenía razón.
- Estoy cachonda - me dijo - Yo no me esperaba esa reacción. Creí que el sucio hijo de puta era yo.

- Oh, nena. Es la situación más surrealista en la que he estado nunca - ella se rió.
- Ni si quiera me has preguntado cómo me llamo - dije
- ¿Acaso importa? - respondió ella sin dejar de tocarme. - Pero si te hace ilusión…dimelo.
- Jacob, me llamo Jacob. - Vale, Jack - Odiaba que me llamaran Jack, pero dadas las circunstancias, no me importaba demasiado. Ella seguía besándome, tenía la respiración entrecortada. Parecía muy excitada.
- Jack - dijo susurrándome al oído - quiero que me la metas ahora mismo, aquí mismo - . Yo estaba tan erecto que tampoco podía esperar. Así que me bajé la bragueta y ella se quitó el pantalón. El taxista seguía mirando, pero por lo visto no le importaba que nos lo montáramos allí, más bien disfrutaba de la situación. Era increíble. El mundo estaba lleno de tipos y tipas como yo. Al fin y al cabo, no era el único degenerado. Toda la sociedad estaba tan podrida como yo.
Linda se sentó sobre mí y manejó la situación. Realmente sabía moverse. Ya lo creo que sí.
Lo siguiente que supe es que ambos habíamos llegado. Fue precisamente en el mismo momento en el que llegamos a nuestro destino. Nos vestimos a prisa. El taxista nos dijo cuanto era el trayecto sin ni siquiera inmutarse. El cabronazo nos tendría que haber regalado la carrera, después del espectáculo que le habíamos ofrecido.
De camino a la entrada del depósito Linda me dijo - No ha estado mal del todo, ¿eh? - ¿Mal del todo? - pensé. ¿A qué se refería con mal del todo? Yo había estado mejor que nunca. ¡Había sido un purasangre!
- ¿A qué te refieres nena? ¿No te ha gustado?
- Bueno…sí. Los he tenido peores. En algunos momentos parecías estar…un poco flojo. Pero no te preocupes. Eres un encanto, te has portado tan bien conmigo…
- Maldita zorra calienta braguetas - pensé. Pero no le dije nada. Al parecer ella era igual que yo, en mis buenos tiempos, claro. Una obsesa, coleccionista de fugaces experiencias sexuales. El mundo estaba podrido. Ya no había nada que hacer por él.
Recogimos nuestros vehículos. Comprobamos que arrancaban. Hicimos los partes pertinentes y se despidió sin más. Bueno, sí. Mientras se metía en su coche me dijo:
- Te doy un 6 Jack. Porque has sido amable conmigo y porque el asunto ha estado bastante bien. Un placer haberte conocido, aunque haya sido en estas circunstancias. - Soltó una risilla hipócrita - . - Adiós Jack, nos vemos en el infierno.
Mientras arrancaba el coche, pensé en lo irónico de la situación. Tiempo atrás había perdido una mano jugando. Póker de 6 contra escalera de color. Desde aquel día odiaba ese condenado número. Me hacía sentir como un perdedor.
–No me llamo Jack, es Jacob - dije en voz alta. Pero ella ya se estaba alejando. Ni siquiera me escuchó.

XikaBuk (c) 2010

5 comentarios:

Rowis dijo...

Buen relato. Lo mejor, la imaginación que has derrochado. Pero muuuucha imaginación...

Sonia dijo...

Excelente historia y excelente dibujo para ilustrarla. Os habéis vuelto a superar.

Virginio dijo...

Fantástico, me ha molado mucho. Un buen relato de ciencia ficción como hace tiempo que no no los leia. Si fueran así todas las muchachas sería el planeta tierra del edén.

Nena dijo...

En breves mando un relato con el que ganaré el premio Nobel. Palabra...

El crápula dijo...

Si soy yo el taxista los largo a patadas a los dos (bueno a ella a lo mejor le dejo quedar en el taxi pagando un suplemento)