N18


Mi nombre era N18, era uno de los cuarenta huérfanos del sector 12. No tengo ni idea de cuantos sectores había en nuestra sección, ni cuantas secciones, por lo que no sé cuantos hermanos-huérfanos tenía.
Aunque lo habíamos discutido entre nosotros durante días, algo había pasado fuera del plan que aun estaba fraguándose. Los resortes y los muelles se habían detenido, las grandes máquinas dejaron de expulsar sus gases nocivos y todos nos miramos a través de los cristales de nuestras mascaras. D32 elevó su voz entre el ensordecedor ruido que producían las máquinas al detenerse y expulsar los últimos alientos de vida.

-Ahora es nuestro momento. Hermanos, debemos de escapar antes de que lleguen los vigilantes.- Parte de lo que antes fue su mano enarbolaba una llave inglesa de gran tamaño.
-Pero los vigilantes nos mataran si huimos.- La voz de H12 era como nuestra conciencia. Pero la verdad, es que si queríamos salir de allí, lo que menos necesitábamos era que uno de nosotros pusiera sobre la palestra una opción que todos barajábamos y que nos quitaba el poco valor que habíamos juntado en los últimos días.
-¡Corred, corred!- Estas dos palabras se dispersaron por los pasillos como si estuviesen cubiertas de pólvora.

A mi lado corría V11, un chico de más o menos mi edad que era el encargado de engrasar la mayoría de los engranajes de mi sección. Su cuerpo pálido como el mío estaba cubierto en la mayoría por grandes manchones negros de grasa.
Mientras nos dispersábamos sin saber hacia dónde, yo me dirigí hacia mi camastro para poder recoger a S33, mi peluche. Creo que es un conejo, o por lo menos eso me dijo uno de los vigilantes, para mi es S33 y como mis hermanos-huérfanos lleva una máscara para protegernos de los gases.

-Déjalo, no podemos perder más tiempo.- La voz distorsiona de V11 aumentaba más aun si cabe la sensación de temor de encontrarnos con los vigilantes.
-No puedo dejarlo.- entre en el habitáculo y me dirigí lo más rápido posible hacia mi camastro que se encontraba al final de la hilera. Estaba sentado tal y como lo había dejado momentos antes. Lo cogí y los tres salimos de la habitación sin muy bien saber hacia dónde dirigirnos.
Las alarmas se habían activado, pronto los vigilantes se nos echarían encima y esta huída mal tramada terminaría en una ruina que no nos podíamos permitir. El castigo seria ejemplar y nunca más se nos ocurriría volver a intentarlo.
Las maquinas seguían inertes, el humo condensado en los pasillos y las escaleras se estaba dispersando. Subimos y bajamos escaleras, corrimos entre las pasarelas y por encima de cubetas de hierro fundido.
-No hay salida, estamos condenados.- La voz de V11 no me servía de mucha ayuda entre aquel laberinto.

Un chorro de vapor nos sorprendió a ambos.
Un desagradable dolor breve pero intenso recorrió mi brazo activando un grito que escapo de mi boca atravesando la máscara. La piel de este se había desprendido. Doble las rodillas por el dolor, ese movimiento involuntario me permitió escapar de un segundo chorro que alcanzo de lleno a mi hermano-huérfano, la máscara le había protegido el rostro pero su cuerpo presentaba quemaduras muy serias, intente socorrerle como pude con el otro brazo pero el solo hecho de tocarle hacia que gritase como si le estuviese arrancando la vida con aquel acto.
No dio tiempo a que lo consolase, o a que le dijese que no le iba a abandonar y que lo íbamos a conseguir. Había muerto.

Juré ante su cuerpo inerte que conseguiría escapar por los dos. Un estruendo me saco de mi propia nube, las máquinas se habían puesto de nuevo en marcha y aunque había visto muchas de las muertes de mis hermanos-huérfanos a manos de las máquinas que nosotros arreglamos y mantenemos en perfecto estado, la muerte de V11 tenía un significado que no logro comprender.
Cogí a S33 y continúe mi alocada huída hacia no sé dónde. Si las máquinas habían vuelto a funcionar significaba que la huída había acabado en un total fracaso. Pronto se darían cuenta de que mi puesto no estaba funcional y los vigilantes me buscarían sin descanso.
Al bajar por una de las tuberías que me llevaban a una pasarela inferior me encontré con un vigilante. Su figura alta, delgada y negra como los pegotes de grasa, despertaba en nosotros un terror irracional. Antes de que pudiese reaccionar me atrapó por el brazo.
Otro grito de dolor escapó atravesando mi máscara, pero esta vez fue ahogado por el ruido de las máquinas. Solté a S33 e introduje mi mano en uno de los bolsillos de mi pantalón de trabajo, saqué unas cuantas tuercas y las arrojé al rostro del vigilante. Su máscara protectora le sirvió para el cometido para la cual había sido creada. Volvió a realizar presión en el brazo, casi me desmayo por el dolor. Caí al suelo, me rendí.

-¿N18?- Pregunto el vigilante.
Gire la cabeza y mire siguiendo el rastro que había dejado la pregunta.
-¿Eres N18?- El vigilante volvió a preguntar esperando que yo emitiese algún tipo de respuesta. No responder a un vigilante cuando él te dirigía la palabra era suficiente para recibir una docena de latigazos. La mayoría nos desmayamos antes de llegar al quinto latigazo.
El vigilante me cogió por el brazo sano y me puso en pie.
-No volveré a preguntártelo. ¿Eres N18?-. Su mano izquierda se dirigió hacia el cinturón del cual colgaba el látigo neuronal.

No sé si fue por miedo o por la vergüenza de haberme rendido tan rápido después de mi juramento, el caso es que me abalancé al rostro del vigilante y logré arrancarle la máscara antes de que el pudiese reaccionar a mi ataque. Era mi sentencia de muerte.
Su rostro limpio de grasa me miró de forma perpleja y antes de que mi realidad se volviese negra como el carbón que introducimos en el corazón del fuego que alimenta las máquinas, una palabra escapo del interior de mí ser, una palabra de la cual desconozco su significado.
¿¡MA… MÁ!?

Juan Manuel Ortiz (c) 2010

3 comentarios:

Susana dijo...

Entonces el guardian era su madre? ¿En dónde me perdí?

Manuel Garzon dijo...

No pillo eso de la pregunta de ¿ma...ma?. ¿Alguien sabe de que va esto?

XikaBuk dijo...

pues yo creo que estaba muriendo y lo último que hizo fue preguntar por su mamá, que como huérfano, siempre le había faltado.
El guardián no era su madre pero antes de morir fue su última palabra. Como el anhelo de haber tenido alguna en algún momento.
Creo que es un buen relato, que incluso se podría extender más.
un saludo.