Sangre


Al principio solo tenía relaciones con hombres, pero no lograba llegar a la culminación. Nunca recibí reproches de mi novio. Al contrario. Pensé que quizás el problema sería solo con él. Probé con otros hombres. Tampoco lo lograba. Hasta que descubrí mi verdadera fogosidad. Fue con una aventura del momento. ¡Pero es que él me reprochaba!... y todo por no conseguirlo.

Fue por eso que ligó una cachetada. Su labio se partió, comenzó a sangrar, me miraba mientras su cara sufría una metamorfosis eufórica. Sentí un hormigueo por todo mi cuerpo. No dudé en seguir mi impulso. Una atracción tenían sus labios sangrados que no podía controlarme. Me abalancé sobre él. Mi entusiasmo era grandioso. Él me separaba de su cuerpo pegándome y eso me gustaba aún más. El dolor es el único placer que conozco. Sangre, delicioso factor excitante... sexo. Adorable combinación.
Muchos creen que está mal moralmente. Solo quiero placer. Ellos no saben la adrenalina que recorre mi cuerpo activado cada vez que lo cometo... Ay! Dulce goce.
Tuve muchos encuentros más con gente con mis mismos gustos en el ámbito sexual. Pero los golpes y agresiones verbales ya eran para mi algo rutinario. Quería, necesitaba, experimentar nuevas sensaciones. Fue así que llegué a lo que hoy agrava mi causa. De lo cual no me arrepiento ni en lo mas mínimo.

Estaba en un bar, tomando un café junto a la ventana. Detrás de mis lentes ahumadas para el sol, lo vi. ¡Qué cuerpo, qué hombre!. Paso a mi lado por el lado de afuera de la ventana. Entró y al verme, me guiño el ojo, comprando mis deseos con un gesto de varón ganador. Fue a hablar con otros hombres que estaban un par de mesas mas al fondo. Me miró y esta vez para acercarse a coquetear. Se presentó para luego invitarme un trago. Hablamos un buen rato, de todo un poco, pavadas. Me dijo que estaba con el auto y si quería ir a dar una vuelta. Acepté, claro, como cualquier mujer a la que un hombre le hace una invitación. Me subí entonces a su auto y partimos rumbo incierto. Dimos un par de vueltas formando recovecos por las calles de la ciudad. Yo sabía perfectamente qué era lo que los dos queríamos, somos gente grande, me aburren los rodeos. Después de unos ... veinte minutos de estar recorriendo las calles sobre ruedas, decidí que ya era hora de poner los puntos. Lo mire provocativamente tocando su pierna, él me miró como aprobando mi insinuación. Llegamos a su departamento. Le dije que iba a ser una experiencia para mi realmente extravagante y que estaba algo ansiosa. Él se reía, seguramente no comprendía mis palabras. Sentía ese cosquilleo que sentí aquella primera vez que me conecté con el ameno tormento.

Empezamos a perpetrar el clímax deseado. Yo sabía que él no iba a querer acompañarme en el acto a cometer. Lo até a la cama como simple juego erótico. Eso sí que le deleitaba. Lo amordacé con un trapo que había por ahí, creo que era la carpeta de la mesa de luz, no me acuerdo. Iba a tapar sus ojos, pero creí que me gustaría mas ver su rostro de dolor. Una vez los dos desnudos y él atado a su cama, en la tenue oscuridad de la habitación, yo subida encima de él saqué de mis botas el bisturí.
Lo tenía escondido en la bota porque... usted ya sabe, uno nunca sabe cuando puede pasar, hay que estar preparado.

Él miraba asustado, sus ojos parecían saltar de su cara. Sudaba, demasiado. Apoyé la punta del bisturí en su pecho, comencé la disección hacia abajo mientras acariciaba su cuerpo. Quería gritar, pero su boca estaba bloqueada por el trapo. Su sangre salía a hervores. Chorreaba. La sangre es tan dulce que me tentó el beberla. Se sacudía para todos lados, sus manos estabas bien aferradas a los barrotes de su cama. La expresión de sufrimiento en su cara era hermosa.
Ya poco respiraba él, tenía su abdomen cortado del pecho a su bajo vientre. Todo era sangre alrededor. Estaba en mi paraíso lóbrego. Se estaba desangrando de a poco. Pero yo quería infundir más dolor. El último detalle. Al girar la vista vi sobre una mesa un par de velas rojas. Sin dudar encendí una. La puse sobre su herida hasta esperar que la cera caliente chorreara, mezclándose con su sangre. Un grito eufórico se escapó de su débil garganta. Gemíamos. Él por cansancio resignado. Yo por puro placer.

Sus ojos se iban apagando de a poco. Todavía lo recuerdo. Me bañé, me vestí. Y me fui.
Y bien, si estoy acá no me arrepiento. Logré probar cosas magníficas en mi vida.

kachorrita (c) 2010

4 comentarios:

viviovial dijo...

Hola, acabo de leer tu relato, ha estado bien, mucha imaginacion, buen truco el de la vela, felicidades por tu nueva vida.

Pedro dijo...

Relato morboso donde los haya. ¿Tal vez autobiográfico? Cuando menos es producto de una mente dulcemente desiquilibrada.

Pedro dijo...

Relato morboso donde los haya. ¿Tal vez autobiográfico? Cuando menos es producto de una mente dulcemente desequilibrada.

Elena (...) dijo...

acabo de entrar a trabajar y me ha sorprendido bastante esta página. prometo seguir entrando mientras no me pille el jefe...