Nacimiento maldito



Un trueno lejano avisaba a Jorge de que una tormenta se avecinaba y él sabía que una tormenta en el monte era algo que daba mucho respeto. Pero había subido con un cometido y lo cumpliría, el era un hombre de palabra y sus vecinos confiaban en él. Varios habían acudido horas antes a su sacristía buscando ayuda. Una ayuda que sólo un representante de Dios podría dar. Jorge es el cura del pueblo desde hace más de diez años y nunca se había encontrado con semejante situación.

La noche anterior en casa de la tía Tiburcia su hija Cristina estuvo dando a luz. Trayendo una feliz criatura al mundo como decían las vecinas de la tía Tiburcia y amigas de debates. Pero cuando llegó la comadrona todas cambiaron de parecer, cuando Juliana que así se llamaba la comadrona que atendía los partos en el pueblo trajo aquella criatura al mundo.
Cuando la extrajo del vientre de su madre y la enseño a la concurrida audiencia para su aprobación los rumores corrieron como la pólvora, era horrorosa, un hijo del diablo, monstruosa, terrorífica, y no era de extrañar cuando nadie más que Cristina sabía quién era el padre. Juliana del susto dejo caer a la criatura al suelo. Esta se golpeó contra el duro suelo y comenzó a llorar. Algunos le contaron al padre Jorge que si cerrabas los ojos el llanto era el de una criatura angelical, pero sólo si los cerrabas y muchos lo hicieron para apartar la visión de algo tan horroroso . Aquel niño era monstruoso. La comadrona cuando se recuperó de la impresión trato de coger al niño del suelo. Que pensarían los demás de una comadrona a la que se le escapaban los niños de las manos por muy monstruosos que estos fuesen. Pero cuando alargó sus manos este salió disparado entre los gritos de los asistentes. Se introdujo en la chimenea que se encontraba apagada y reptó hacia arriba para escapar.
Aquella noche las versiones del hijo de Cristina y sus actos corrieron el pueblo, muchos apuntaban a que la identidad del padre era demoniaca.

Esta versión cobró fuerza al día siguiente cuando varias cabras aparecieron desangradas. Todo el pueblo culpó al hijo-demonio de Cristina como el responsable de esos actos. Formaron una comitiva en la que llegaron al acuerdo de contárselo al cura del pueblo, él sabría actuar contra demonios.

Jorge escuchaba asombrado las diferentes versiones y añadiduras que hacían de lo ocurrido la noche anterior en la casa de la tía Tiburcia. Cuando todos se pusieron de acuerdo el hijo demonio era blanco como la harina, en su piel se podían ver las líneas azules y rojas que indicaban la posición de las venas y las arterias. Sus ojos (que algunos mantenían que eran tres) eran negros azabache, tenía dientes puntiagudos y sus uñas eran largas como garras. Su espalda estaba repleta de protuberancias que eran signo inequívoco según el tío Saturnino de su pertenencia al mal.

Nadie pudo asegurar el sexo de la criatura, carecía totalmente de pelo y cuando salió disparado por la chimenea emitió un chillido similar al de un gato cuando se pone a la defensiva.
Jorge que conocía de sobre a la gente del pueblo creía que tales afirmación no eran sino exageraciones a algo que tendría alguna explicación pro cuando Luis y Miguel que eran los dos cabreros que iban todos los día al monte le dijeron que habían visto a un niño blanco como la harina gateando por el camino de Piedrarota no pudo hacer otra cosa que como representante del bien salir a cazar al mal.

Miguel el cabrero se ofreció a acompañarle ya que conocía bien la zona. Ambos cogieron sus escopetas de caza y partieron hacia el monte cogiendo el camino de Piedrarota.
Jorge seguía intentando buscar algún tipo de explicación a aquel hecho cuando vio a la criatura, al hijo del demonio. Se había abalanzado al cuello de Miguel y lo estaba desgarrando con sus afilados dientes.
Miguel trataba desesperadamente de quitárselo de encima pero el niño se había aferrado bien clavándole las uñas en la cara y en el hombro. Jorge se tomó unos segundos para ver a aquella criatura. Era repulsiva.

Durante esos segundos Jorge y la criatura cruzaron sus miradas mientras seguía desgarrando el cuello de Miguel. Su mirada fue una revelación, algo que lo llenó por dentro. El sabía que si existía el mal tenía que existir el bien y aquella criatura era el mal. Dios existía y aquel niño demonio se lo había demostrado. Había visto a Dios.
Levanto su escopeta y disparó. Ambos disparos alcanzaron blanco, aunque equivocado, la criatura había saltado hacia el follaje y Miguel había recibido ambos disparos en la cabeza.
Jorge rezó una oración por Miguel, le aplicó la extremaunción y cargó de nuevo su escopeta. Se dirigió monte arriba. Otro trueno esta vez más cercano sacó a Jorge de sus recuerdos.

Aunque no era un experto cazador se dejó guiar por su recuperada fé y le llenó de alegría ver que seguía el camino correcto. Disparó algunas veces cuando tuvo al niño a tiro pero ninguno de ellas llegó a alcanzarle.
La tormenta se acercaba muy deprisa ya había comenzado a chispear cuando dislumbró de nuevo a la criatura, estaba en lo alto de una roca y olisqueaba el ambiente. Apuntó cuidadosamente y disparó. Jorge creyó que algún angel había dirigido su mano. Un chillido le indicó que había hecho blanco.
Subió corriendo hasta donde se encontraba la roca donde había disparado.
Cuando llegó arriba ya había comenzado a llover y el agua se mezclaba con una sangre oscura que se perdía entre unos pequeños arbustos donde se oía un llanto. Se dirigió hacia los arbustos y los apartó. Allí tumbado bocarriba se encontraba el hijo de Cristina.

El agua chocaba contra su rostro. El disparo la había alcanzado en el muslo izquierdo.

El niño lloraba, movía sus brazos intentando protegerse. Jorge le miró, se cruzaron las miradas de ambos. Jorge cerró los ojos. La gente del pueblo tenían razón , si cerrabas los ojos su llanto era como el de los angeles. Escuchaba el llanto del niño y le reconfortaba, aquello era música angelical, no dañaba los oídos. Jorge sintió la divinidad, estuvo escuchando durante un tiempo aquel llanto de niño mientras buscaba en su interior. Aquella música le servía de guía. Encontró lo que buscaba. Abrió los ojos y disparó. Jorge bajó del monte hacia el camino de Piedrarota. Su escopeta colgaba de su hombro. La tormenta hacía un rato que hablaba con furia pero estaba inmerso en sus pensamientos, en sus nuevos pensamientos.

Tenía muchas cosas que hacer cuando llegase al pueblo, entre ellas averiguar quién era el padre de aquel niño y Cristina se lo diría, de eso estaba seguro si queria salvar su alma.

Pero eso es otra historia.

Juan Manuel (c) 2009

3 comentarios:

Ana dijo...

Como para morirse de frio la pobre "criatura" . Bueno el texto. Saludos

Lucia dijo...

Un relato muy entretenido y ademas de miedo , me gustaría que hubiese mas relatos de miedo me encantan.
Saludos a todos los lectores.

Directorioblog dijo...

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