Desde el balcón




Me gustaba soñar. Recuerdo que me sentaba en un banco del parque, en una esquina solitaria a dar rienda suelta a los sueños. Aparentemente eran sueños imposibles. Nunca supe si creerle a aquella mujer que me vaticinó "el viaje". Era joven, tal vez entonces le creí. Eso sí, fue una aventura llegar a aquella casucha, tocar a la puerta, y sentarme junto a todas las personas que esperaban. Fui recomendado por mi abuela, que tenía mucha fé en aquella mujer.

No recuerdo cuánto tiempo esperé. Me hizo pasar a una habitación pobre y oscura. Me sentó frente a ella, junto a una mesa cubierta por un paño blanco, sobre la cual había sólo un vaso de agua.Yo temía que las personas que esperaban en la sala contigua escucharan sus palabras. No sabía de que hiba a hablarme. Tenía razones sobradas para dudar. Creer o no creer, ese era el dilema. De ser cierto que podía leer en mi vida... ¿Cuántas cosas no saldrían a la luz?. ¿Quiénes eran las personas que esperaban para ser atendidas?. Los fantasmas delatores se escondían debajo de cualquier piedra.
Niño, tú eres esto, esto, y aquello. Sentí pánico. Me arrepentí de tanto riesgo. El tiempo me parecía una eternidad. Sólo recuerdo las predicciones del "viaje". ¿Sentencia?. No. De realizarse significaba la libertad. Pero yo era demasiado joven y soñador.

Pasó el tiempo, mucho tiempo, sucedieron muchas cosas. Transcurrieron muchos veranos (no recuerdo los inviernos). Sucedió lo que tenía que suceder. ¿Suerte?. Y llegó el día del "viaje". Y crucé el océano. Y me sentí felíz. Y también me sentí triste. Y no dejé de soñar. Y pasaron muchos veranos y muchos inviernos. Y no dejaron de suceder cosas, muchas cosas. Y no olvidé (no se puede olvidar).
Desde el balcón, una tarde de verano, en Berlín, sueño que sueño para no dejar de soñar.
Luis E. Ruiz (c) 2009

2 comentarios:

Shindy Spore dijo...

Un relato estupendo.

Anónimo dijo...

El paso del tiempo... no podemos frenarlo, tan solo recordar y recordar. Buena historia.