Adiós


Tan solo fue una llamada de teléfono, lo que por primera vez en mis veinticinco años como ser humano me hizo sentir diminuto, asustado e indefenso.- ¡Dos semanas o quizás tres, pero no más! Es un cáncer bastante agresivo y nada puede hacerse para tratarlo.

La vida se me iba. Lo notaba según pasaban los días. Trataba de, aunque me costara, asimilarlo y disfrutar todo lo posible cada minuto, cada segundo. Era difícil porque la noticia me había causado bastante impacto y esa sonrisa que siempre veías en el entorno familiar ya no era la misma. Me recuerda a los bosques quemados, árboles a los que, después de muchos años, empiezan a salir las hojas. Pero las cenizas siempre quedan ahí, en su tronco o en la tierra donde crecen.

Hoy me siento triste al pensar lo mucho que pude hacer, lo que le pude decir y no dije. Una madre que siempre estuvo ahí. Pero nunca valoré todo lo que hizo por mí. Ahora me puedo dar cuenta lo cobarde y tonto que fui por no decirle esas cosas hermosas que se le dicen a una madre, esas caricias, esos mimos. Y ahora es demasiado tarde para poder hacerlo. Se me va la vida; esa vida que nunca supe agradecer, pues después de veinticinco años no supe disfrutar. Ahora como si de una vela se tratara, mi vida se consume. No puedo aguantar estas lágrimas y este dolor que siento según pasan los días.

Y si de algo puedo estar orgulloso es de que hasta el ultimo minuto he de estar a su lado y decirle: ¡madre, te quiero!.

lismen (c) 2009

3 comentarios:

Germana dijo...

Sólo nos damos cuenta de lo que tenemos, cuando lo perdemos.
Un saludo

Nike Pierrry Ghrajam dijo...

me doy cuenta por la tristeza de ese niño al perder su madre, yo he pasado por lo mismo. Un buen relato al igual que la pagina que me gusta mucho.Un beso a todos los espanolitos.

Rhianne shaller dijo...

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