Se venden recuerdos



A comienzos del siglo XXV el mundo no se movía con el petróleo, el calentamiento global había sido superado por medio de la energía nuclear de fusión y, por supuesto, los países seguían constantemente enfrentados en guerras. Y al hablar de países uno se refería a las tres Federaciones: Noratlántica, China e Índico-Japonesa. El resto no contaba.

En esa época, alguien que deseara ser feliz tenía dos alternativas: Serlo porque la vida así se lo obsequiaba desde la cuna... o comprar recuerdos. Y la primera no dependía de uno mismo, por lo que resultaba particularmente difícil ese camino.

Así pues, el comercio que más dinero movía era el de los recuerdos. Uno se sentaba en una vieja silla, en un mercado deprimente de una gran ciudad, y un tipo con un portátil le podía implantar, por un elevado precio, los recuerdos de otra persona en cuestión de minutos. Generalmente una persona con una vida envidiable, llena de alegres vivencias, viajes emocionantes, grandes amores... Generalmente una persona rica que vendía esos momentos a los menos afortunados.
Vivencias inalcanzables para un pobre desgraciado que luchaba cada día porque ese no fuese el último de su aburrida y monótona existencia en un mundo de tonalidades siempre grises.

Mario se decidió ese día a gastar la mitad de sus ahorros. Ahorros conseguidos durante años a base de un agotador y mal remunerado trabajo en unas viejas oficinas de la multinacional InveX Corporation. Ese lluvioso día de enero de 2404 se había dado cuenta de lo vacía que estaba su existencia. Ese día, lanzando dardos a una pared desnuda, adornada solamente con una diana electrónica, decidió que compraría recuerdos. Y que a partir de entonces se acostaría pensando en lo que había sido años atrás, cuando era feliz con su vida.

El mercado estaba abarrotado de gentes impersonales, que caminaban con rapidez enfundadas en sus oscuros trajes. Por todas partes se respiraba desconfianza. Un mundo en guerra generaba siempre ciudadanos en alerta. Nadie se fiaba ya de nadie.

- Buenas tardes - saludó Mario al hombre del portátil.
Y después de explicarle lo que quería y pagarle por adelantado se sentó en el interior de la tienda, conectado a un cable mediante el chip que toda la población llevaba desde el momento de su nacimiento.
Veinticinco minutos más tarde la transferencia de datos había finalizado y salía de la tienda con los ojos llorosos. La mirada triste y perdida.

Eso era lo que había pagado, era su elección: Una novia de la juventud que había jurado amarle siempre. Unos años inolvidables con la única chica a la que había querido: Carol. Habían viajado por todo el Sistema Solar durante meses. Juntos habían ascendido a lo más alto del Monte Olympus, en Marte, contemplado espectaculares amaneceres desde Ío y recorrido las inmensas llanuras heladas de Titán. Hermosos recuerdos a su lado, cuando la vida era todavía un inmenso territorio por explorar.
Pero la muerte hizo su visita con antelación y sin avisar. Carol murió joven dejándole unas palabras para el recuerdo: "Siempre te querré, nunca me olvides. Algún día estaremos juntos otra vez".

Mario secó sus lágrimas con el puño de la camisa. A partir de entonces sería feliz con su tristeza. Porque su mente estaba llena de bellos momentos que nunca olvidaría.
Regresó a su apartamento, abrió una cerveza y sonrió por primera vez en mucho tiempo.

giorgiopay (c) 2009

5 comentarios:

Rosa Linda dijo...

Me ha gustado tu relato Giorgiopay, si en un proximo futuro existiera una maquina asi no la probaria ni aunque me pagaran, un muakis.

Anónimo dijo...

sería genial que eso sucediera en el futuro pero lo dudo, aun así este relato recrea muy bien lo que podría ser el siglo XXV

almodhena dijo...

hola que tal! permítame felicitarlo por su excelente blog, me encantaría tenerlo en mi directorio y tambien tengo un blog relacionado a viajes .Estoy segura que su blog sería de mucho interés para mis visitantes !.Si puede sírvase a contactarme almodhena099@gmail.com

saludos
almodhena

R.E dijo...

Hola. Gracias por tus amables palabras.
Agradecemos tu interés por enlazar esta web. Un saludo.

Angus dijo...

Estupendo relato y magnífico blog.