Mala Sangre



Los ojos no pueden ver a Dios, sino a través de las lágrimas. Víctor Hugo.

Marsella, 17 de julio de 1.891

Estoy muriendo y no puedo hacer nada por evitarlo. Yazgo en una cama de hospital, totalmente paralizado, con la pierna derecha amputada por encima de la rodilla. Llevo una semana intentando caminar con muletas, dando saltos como un imbécil, pero me resulta una tarea pesada y embarazosa. Los médicos me cortaron el miembro demasiado arriba y me es imposible mantener el equilibrio. Tengo miedo de caer al suelo y lesionarme; ser un lisiado es la experiencia más espantosa que he sufrido en mi vida.

Mi propia estupidez me ha llevado a esta desesperada situación. Al principio, el dolor de la rodilla no era más que una pequeña molestia. Como de costumbre, tal como suele ser mi estilo, lo ignoré y seguí con mis negocios. Tenía mil asuntos de los que ocuparme y cualquier distracción podía significar perder dinero: un lujo que jamás he podido permitirme. Antes de darme cuenta, la hinchazón de la rodilla se convirtió en una tortura insoportable que, en el espacio de pocas semanas, me impidió salir de mi casa. Los médicos, al examinar mi caso, me dijeron que se trataba de un tumor sinovial —hidartrosis para ser exactos— que afecta a las articulaciones y a los huesos. Me maldigo por haber sido tan estúpido: si me hubiera molestado en cuidarme un poco no estaría metido en este embrollo. Me he convertido en un desecho humano, una pálida sombra, frágil y consumida, de lo que fui hace meses.


Gracias a mi enfermedad he tenido tiempo de pensar y de replantearme las cosas. Mi obsesión por enriquecerme, trabajando como un esclavo una media de doce horas diarias, en los rincones más profundos de África, me tenía completamente cegado. Puede que hubiese tenido que disfrutar de la vida y no exigirme tanto a mí mismo. A veces que llegado a pensar que, debido a los errores que cometí durante mi juventud, no he cesado de castigarme con una penitencia tan ridícula como inútil. De todas maneras… ¿Qué otra cosa hubiera podido hacer? Tenía que mantenerme y auxiliar económicamente a mi familia, labrar un mañana digno con el sudor de mi frente, pero he vuelto a fracasar a pesar de mis mejores intenciones: la liquidación apresurada de mis bienes, junto al viaje de Harar a Marsella, me ha producido gastos irreparables.

Frustrado y deprimido, víctima de dolores insufribles, quisiera dar marcha atrás y cambiar lo sucedido. Desgraciadamente sé que es imposible, algo murió en mi interior el día que abandoné la literatura, nunca volví a ser el mismo; todos estos largos años no he dejado de arrepentirme de este error. Cada vez que las palabras fluían en mi interior hacía lo imposible por ahogarlas, apagaba el deseo de plasmarlas en el papel. Cuando miro atrás desde la perspectiva del presente, me pregunto cómo demonios fui capaz de mutilar al poeta que guió los mejores años de mi existencia. Tuve que huir de Francia para borrar el pasado del que tanto me avergonzaba, recorrí Europa de un extremo a otro, crucé inmensos océanos y desiertos como expiación, luchando por escapar de los demonios que me asediaban; los mismos que me impiden conciliar el sueño en la actualidad. La realidad me enseñó que si no tienes una seguridad económica eres poco más que una mierda. La influencia de de mi madre, con su férrea disciplina y carencia de amor, me influenció más de lo que jamás querré admitir.

Aunque los médicos digan que me repondré de aquí a unos meses, sé que mienten para aliviar la agonía que consume mi mente. Nunca podré abandonar esta maldita habitación y el mundo exterior, lleno de esperanzas y promesas, es un objetivo totalmente inalcanzable. Quizá debería encomendarme a Dios y arrojar la toalla de una vez por todas, espero que el Señor pueda perdonarme por haber repudiado su nombre con la misma pasión que he arruinado mi vida…

RBD

Alexis Brito Delgado (c) 2009

1 comentario:

elismen fall dijo...

Hola Alexis Brito delgado, es un relato en el que creo que se esta reflejando la vida de muchos muchachos y muchas que pasan por algo similar como la vida de este chico. No hay que tirar nunca la tolla y afrontar lo que viene y por supuesto aprovechar estos momentos tan fragiles para vivir la vida y pensar que somos muchos los que estamos en esa situacion. Gracias por tu aportacion con este magnifico relato. Un saludo.