Rumbo al Paraíso

¡Señoras y señores pasajeros, faltan dos horas para llegar al paraíso!

- Ha sido la voz de, digámoslo así, la solícita azafata, que hace más grato el tiempo sin tiempo de espera de este viaje. Por lo menos a mí, me parece una azafata.
- Que no señor. No es una azafata, sino el sobrecargo del crucero en que navegamos.
- ¿Y no le parece raro, entonces, compartir un camarote con un centenar de personas?
- Ah, son cosas del cielo. Usted no preocuparse "siñor".
- No me preocuparía si no recordase que hace más o menos dos horas oímos lo mismo. Quizás el chico de atrás, Valentín, no, ya que porfía en ser sordo. Y eso que, durante un buen rato, unos cien minutos o más, hemos mantenido sin problemas una amena charla sobre las virtudes de un buen rompecabezas.
- Puzzle colega, puzzle...
- Vale, vale, Valentín. Ya me había hecho a la idea de estar muerto. Es más, me divierte imaginar qué pasará ahora por la cabeza de los míos: Luisa estará llorando con ese llanto quedo que hacía añicos de mí. Nani es demasiado pequeño para darse cuenta. Será una diversión más para él. No puedo decir que no duela pensar en los juegos que ya no compartiremos, los cuentos sin final que tanto le gustan, en ese rompecabezas...
- ¡Puzzle!
- ...al que ha tomado un irracional apego porque tiene un cubo de menos. Ya ni siquiera me sorprende entender al señor de mi derecha, que habla pasto e inglés, cuando los idiomas nunca han sido mi fuerte. Es gracioso ir derechito al cielo con un mahometano que puede ser talibán.
- Pero yo no mahometano. Yo no talibán "siñor"...
- ¿Sabe que empiezo a notar un aire masculino entre las curvas de la azafata?
- No, no azafata "siñor".
- Cállese por favor. Azafata o... lo que sea. Que se acerca cada dos horas a informar que faltan dos. Si la eternidad no puede ser medida, ¿cómo vamos rumbo a ella en un viaje que dura exactamente ciento veintiún minutos?. Ahí está la pieza que falta. En ese minuto. La pieza que falta, ahí la veo. En el hueco que queda en esta mesa demasiado grande para un asiento de avión.
- ¡No avión, hombre! ¡Crucero, crucero!
- Ya hemos llegado.
- ¡Adiós!
- Pero que afable el sobrecargo. Aunque le sobra ese guiño afeminado. Al pie de la escalerilla... espera con una sonrisa un mocetón en camiseta y pantalón corto. Extraña facha para San Pedro.
- Tenga, su llave. Vamos, deprisa.
- ¿Y Valentín? ¿el afgano?...
- Corra, tardaremos solo dos segundos. Recibirá toda clase de explicaciones antes de hablar... con Él.
- El atleta, o lo que sea, me deja en una sala de espera. [.........] ¡Vaya!. Regresa con una pieza de puzzle.
- Se le ha caído esto.
- Me conducen a un despacho. ¡No, Don Amalio!
- ¿Martínez? Antes de que lo vea, a Él, quiero esos informes aquí. Y los quiero dentro de dos horas. Mejor en dos segundos.

Oulipo (c) 2008

4 comentarios:

Jose Luis dijo...

No entiendo bien el final..

Oulipo dijo...

Un viaje así, que pudiera entenderse como una ensoñación o delirio de la voz narrativa, es decir, Martínez, no podía acabar de cualquier manera. El relato se plantea desde la desmitificación de ciertos valores o ideas que un individuo educado en la cultura cristiana pudiera tener. Una vez asumido el juego de extrañamiento que supone ir al paraíso en una nave, y considerada esta desde dos perspectivas diferentes, la del narrador y la del afgano, nos pareció apropiado darle otra vuelta de tuerca y acercar, en la llegada, los sucesos a algo cotidiano. En las antesalas del paraíso, que se imagina como una especie de edificio de oficinas, Martínez se encuentra con su jefe, don Amalio. Lo que comienza y transcurre como un extraño viaje termina convirtiéndose en una pesadilla molesta.

No sabemos, por lo que se deduce del comentario, que agradecemos, de José Luis, si hemos conseguido que esa vuelta de tuerca resulte coherente.

Hay que tener en cuenta, por otra parte, que habíamos propuesto este trabajo a los responsables de esta página como ejemplo de otras posibilidades de relato concebidos no tanto para la lectura como para la escucha. "Rumbo al paraíso" es un relato sonoro. La transcripción, que también agradecemos, se debe a los responsables de la página. Tómese nuestro trabajo, por tanto, como un experimento, fallido quizá en parte.

Saludos y gracias por vuestra atención.

Jose Luis dijo...

Gracias por la explicación que has dado. Ahora si que me encaja el final. Creo que en principio para quien lo lea (o lo escuche) no se hace evidente que el jefe es Don Amalio. EL relato es muy bueno. Un saludo.

Ada dijo...

Personalmente pienso que, como ocurre en los relatos ricos en detalles, hay que escucharlo, en este caso ya que el formato enriquece el escrito, un par de veces para encontrar coherencia entre todos ellos y verlo como un todo, final incluido.

Concuerdo en que es un relato más que interesante con una vuelta de tuerca que aunque satírica, invita a la reflexión.