Apocalypse Now


Si las puertas de la percepción estuvieran limpias, todo aparecería ante el hombre tal como realmente es, infinito...

WILLIAM BLAKE


La noche sureña ardía. Los gritos de más de diez mil personas llenaban el aire del auditórium con tal fuerza que llegaban a hacer daño. Por un lado del escenario, emergieron las figuras de los músicos que, tranquilamente y sin prisas, tomaron sus instrumentos. El teclista, vestido con traje y corbata grises, se inclinó sobre el órgano Gibson G-101, esforzándose en atrapar la melodía de sus teclados. Al fondo, el batería, con barba y bigote, sólo era visible por sus ropas brillantes, golpeaba los bombos con fuerza. El guitarrista de espaldas a la multitud (llevaba muselina india y pantalones de campana), tocó unos solos y comprobó la resonancia de los amplificadores. La introducción se elevó en el aire y revoloteó en un flujo interminable de sonido bien ecualizado. Un foco bañó el escenario y se detuvo en un lateral dónde acababa de aparecer un hombre vestido de cuero: collar de cuentas, ancho cinturón indio, botas de fieltro y camisa de farlabanes. Al reconocerlo, un rugido de adoración salió de la muchedumbre y taladró las sombras. Borracho, el cantante avanzó con pasos inseguros hacia el micrófono central y saludó con las pupilas dilatadas por el alcohol. Luego, se colgó del pie metálico y agitó la cabeza, espasmódicamente.

“You know the day destroys the night, night divides the day, try to run, try to hide, break on trough to the other side, break on trough to the other side, break on trough to the other side”.

(A través de sus ojos, todo tiene un aspecto distinto, como si hubiera sido formulado por los sueños de Dionisos. Luces de fogatas candentes llenaban la negrura del cosmos, haces multicolores ardían en su corazón inflamado, envueltas en un espectro de sentimientos confusos)

Con fluidez, la banda se abrió paso entre las masas embravecidas, pasó al otro lado con “Alabama Song” de Bertold Brecht y Kurt Weill, y se detuvo en “Moonlight Drive”. El cantante se aferraba al micrófono de oro macizo: bajo sus párpados cerrados representaba distintas fantasías.

“Let’s swim out tonight love, it’s our turn to try, park beside the ocean in our Moonlight Drive”.

Después recitó las notas agónicas de “Horse Latitudes”.

“When the still sea conspires an armor, and her sullen and aborted current breed tiny monsters, true sailing is dead”.

Tranquilamente, en los brazos de la inconsciencia, “Back Door Man” de Willie Dixon fue despachada y llegaron a las notas agresivas de “Five To One”.

“Five to One, baby, one in five, no one here gets out alive. Now you gets babe, I’ll get mine, gonna make it baby, if we try”.

El Rey Lagarto bailó con las venas del cuello tensas, su cara pálida reflejó mil máscaras bañadas por el sudor, bajo los focos cenitales que irradiaban su figura como si fuera un Dios de la antigua Grecia.

(Rostros sabios aparecen y desaparecen, difuminándose, enmarcados por la melancolía, inmersos en un hechizo de rituales extraños, condenados a perecer en el olvido)

“For the music is your special friend, dance on fire as it intends, music is your only friend, until the end, until the end, until the end”.

El gentío apretujado a sus pies se encuentra hipnotizado por su presencia. La cascada de sonido continúa golpeando sus conciencias y exige una respuesta dramática a cambio, cuando la música termina.

WE WANT THE WORLD AND WE WANT IT NOW!!!

Mientras canta “Crawling King Snake” de John Lee Hooker, el vocalista cae de rodillas, mueve su cuerpo torturado, se inclina en su agonía teatral y espera la salvación.

—Company, halt!
—Present arms!

El guitarrista levantó la Gibson y disparó al Soldado Desconocido. Este se arrojó al suelo, histéricamente, fulminado por la ira de los dioses.

“Lions in the street and roaming, dogs in heat, rabid foaming, a beast caged in the heart of a city”

“The Celebration Of The Lizard” está en marcha. El chamán entra en trance para salvar a la tribu: golpea el aire con los puños y gira con los brazos abiertos, dando vueltas sin parar, en una sucesión de movimientos grotescos.

“The mansion is warm at the top of the hill, rich are the rooms and the comforts there, red are the arms of luxuriant chairs, and you won’t know a thing till you get inside”

(Figuras envueltas en sombras lo acompañan. Salvajes con armas de piedra, vestidos con pieles y plumas, collares de hueso y pedernal, rotan alrededor de las llamas de la hoguera donde ardía, consumiéndose sin remedio)

El Rey Serpiente corrió de una valla a otra, giró el micrófono sobre su cráneo, interrumpió “Gloria” de Van Morrison y desafió al público con sus insultos. Más tarde, el grupo tocó “Light My Fire”:

“You know that it would be untrue, you know that it I would be a liar, if I was said to you: “Girl, we couldn’t get much higher”.

El cantante se retorció sobre la punta de los pies, se arrodilló delante del guitarrista y fingió realizarle una felación a su instrumento: las chicas de las primeras filas chillaron, enloquecidas, al borde del orgasmo.

“This is the end, beautiful friend; this is the end, my only friend, the end of our elaborate plans, the end of everything that stands, the end…

La música se propagó con majestuosidad, trances tenebrosos e hipnóticos, y proporcionó el éxtasis de los sentidos a los fieles de la banda.

“Lost in a Roman wilderness of pain, and all the children are insane, all the children are insane, waiting for the summer rain”

Seducido, el público se dejó arrastrar por aquella demoníaca fusión de música, poesía, existencialismo y Nietzsche, basada en la experiencia nihilista de las drogas.

—Father?
—Yes son?
—I want to kill you.
—Mother… I want to… FUCK YOU!!!

El océano de gente enloqueció y acompañó la danza impía del Ángel Exterminador, que bailó como un hechicero poseído, dando vueltas sin parar, con el cable del micro ondeando como la serpiente del paraíso y una clara erección bajo sus ceñidos pantalones de cuero.

THIS

La audiencia arrojó vasos de plástico, ropa interior, botellas vacías y flores al escenario. La policía creó una barrera humana, pero no sirvió de nada, nadie estaba dispuesto a parar.

IS

Sillas metálicas aterrizaron entre la pasma. Maldiciendo, los hombres uniformados de azul perdieron terreno bajo el empuje de los jóvenes.

THE

La barricada se rompió, la bofia sacó sus porras, mientras el público invadía el escenario vacío.

END...

Alexis Brito (c) 2008

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno Alex....
G.S.J.

Marta dijo...

Una descripcion muy realista,

Mateo dijo...

Soy un fan de Jim Morrison. Me ha gustado la crónica de un gran concierto.