Un valiente llamado Slodac


- ¿Sabes por qué te han traído aquí, verdad?
- No pienso pagarle, estoy harto de sus amenazas.
- Tengo un negocio que cuidar y un prestigio que mantener, Slodac. ¿Qué pasaría si te perdonase las deudas a tí? ¿Qué pensarían los demás? Dejarían de pagarme. Yo cuido de vosotros y a cambio debéis mostrar vuestro agradecimiento.
- Se cuidar de mi mismo. Nunca le he pedido ayuda. No necesito que una pandilla de mafiosos me robe la mitad del dinero.
- Entonces veo que estás decidido a no pagar. No cambiarás de opinión.
- No, no cambiaré. Tengo orgullo, ¿sabe usted lo que es eso?. No verá una sola moneda mía en el resto de su vida. Estoy cansado de todo esto. Sois basura. Sois el cáncer de esta ciudad.
Resultaba curiosa la imagen de un pequeño hombre alzando la voz en una habitación llena de asesinos.
El señor Varic, con los ojos entreabiertos, fijó su mirada en la de Slodac y habló en un tono tan bajo que apenas rozó el umbral de lo audible.
- Está bien. Eres valiente y eso es algo que valoro en la gente. A lo largo de mi dilatada vida no he tenido la ocasión de cruzarme con muchas personas como tú.
Hizo una pequeña pausa para darle una calada al cigarrillo que sostenían unos dedos arrugados y estrechos como palillos.
- Puedes irte.

Slodac no se lo podía creer. Sin bajar la cabeza ni un solo instante salió por la puerta, al mismo tiempo que dos matones se hacían a un lado. Estaba un poco asustado, más una vez que hubo subido al taxi se relajó y suspiró profundamente.
"¡Bien por tí Slodac! - pensó para sus adentros - Les has plantado cara con decisión. Te has enfrentado a los problemas con valentía y todo ha salido bien. Gracias a Dios".
Esa noche, sin mencionar el asunto, estuvo hablando con su hijo de nueve años acerca de la importancia del honor y la dignidad de las personas. Le dió un cariñoso beso y dejó la pequeña lámpara de la mesilla encendida, como siempre hacía.

Cuando la policía encontró un cuerpo en el fondo de un lago cercano cuatro días después, nadie lo relacionó con Slodac. Habría que esperar a las pruebas forenses.
Todo se precipitó al día siguiente cuando, en un incendio provocado que destrozó el negocio familiar de Slodac, murieron abrasados su mujer y su pequeño hijo.

Jorge A. (c) 2008

4 comentarios:

Gustavo Rey dijo...

...se venía venir, buen relato corto, me gusta el blog! te voy a enlazar en el mio. saludos

Jorge dijo...

Gracias por tu comentario Gustavo. Nos alegra saber que el esfuerzo es valorado por los lectores de la web. Contamos con tus visitas. Bienvenido.

lumalo dijo...

Me ha gustado el tema y lasucesión de los hechos, pero un mafioso no se para ante nadie. te leeré de vez en cuando y será una forma más de mantener el contacto. Saludos.
Acuerdate de la libreta para no perder ni una sola idea.Hasta pronto.

DeGozel dijo...

Hola Jorge, somos una nueva revista literaria llamada "De Gozel" y leyendo este excelente relato creo que encajaría a la perfección en el nº1 de la revista en papel.
Si eres tan amable de colaborar con nosotros, se pondría tu nombre como autor del escrito y el enlace a tu blog acompañando al texto
He aquí la dirección de la revista online: http://degozel.blogspot.com/

Gracias por la atención prestada.
Un cordial saludo.

Atentamente, el equipo De Gozel.