La niña


La niña entró en el cuarto de baño. Cerró la puerta y puso el pestillo. La niña se subió a una pequeña banqueta de plástico para verse mejor en el espejo grande de enfrente del lavabo y parecer más alta.
Rebuscó entre los cajones de una cómoda colocada en un rincón del aseo hasta encontrar lo que necesitaba: Un neceser de felpa rosa.
Lo abrió y esparció su contenido por la encimera: Tres barras de labios, una sombra de ojos, un perfilador, algo de gel fijador, rímel…
Eligió el maquillaje con cuidado, quería estar presentable. Presentable para él.
La niña ya no era una niña pequeña.

Enchufó el radiocasete mientras se vestía. Le gustaba cambiarse al son de su música favorita. Miró sus CD’s, ocupaban media pared de la habitación, tenía un buen repertorio…
¿Qué escucharía ese día? Se decidió por The Fray, el último disco, y subió el volumen al máximo. El ritmo de la batería, la guitarra, el piano de fondo y la atractiva voz del cantante entraron en su cabeza, recorriendo todo su cuerpo, taponando su cerebro, desconectando con el mundo exterior. Ahora sólo existía ella. Ella, y la canción.

Where did I go wrong, I lost a friend
Somewhere along in the bitterness
And I would have stayed up with you all night
Had I known how to save a life…

Bajó las escaleras de dos en dos, saltando el último tramo.
Ahora sólo había un obstáculo en su camino.
¿A dónde te crees que vas? –preguntó su padre, apareciendo de repente en el salón. La niña nunca supo como hacían sus padres para aparecer en el momento adecuado en el lugar adecuado.
Voy a salir. –respondió simplemente.
¿A dónde? –repitió él.
Por el centro.
¿Por qué zona? –insistió.
No lo sé. Andaremos… puede que por las tiendas de ropa, o que acabemos en la plaza mayor.
¿Y cómo te localizo?
Con el teléfono móvil… -dijo ella suspirando. Su padre le desesperaba. Siempre quería saber a dónde iba, cómo iba, con quién iba…
¿Con quién vas?
Con unos amigos. –contestó de malos modos, y se apresuró a grandes zancadas hacia la puerta. La abrió y salió a la calle. Obstáculo esquivado. Primera fase superada. No se consideraba una niña. Pero el resto del mundo sí lo hacía.

Step one you say we need to talk
He walks you say sit down it\'s just a talk
He smiles politely back at you
You stare politely right on through
Some sort of window to your right

Caminaba por la avenida a paso ligero. Fijándose en los escaparates de las tiendas. Y fijándose aún más en su propia reflejo en los escaparates. Estaba gorda. Obesa, se decía a sí misma. Veía su cuerpo como una gran masa de carne con michelines y grasas asomando por doquier. Observaba los maniquíes de las boutiques de ropa actual, y se reprochaba a sí misma nos ser como ellos. Ellos eran perfectos, con sus cuerpos estilizados, en sintonía. Los pantalones se les ajustaban a sus bonitas caderas con estilo. Ella, a su lado, era simplemente amorfa. Aligeró la marcha. No quería llegar tarde.

El descampado se presentaba aislado y solitario a la hora del crepúsculo. La niña, tirada en el suelo, jugueteaba con su teléfono móvil mientras esperaba a los demás. Por mucho que le fastidiara, siempre llagaba la primera. Siempre.

Let him know that you know best
Cause after all you do know best
Try to slip past his defense
Without granting innocence
Lay down a list of what is wrong…

Al fin, casi quince minutos después, comenzó a divisar a algunos de la pandilla.
Eh, peña, ya os vale. A buenas horas…
Tía, cállate, no nos ralles, que por que tú llegues aquí dos horas antes no significa que los demás…
¡Dos horas antes! Sois vosotros los que llegáis dos horas después. La niña se cruzó de brazos, y puso los ojos en blanco. Estuvo tentada a pegarle una buena patada en los “mismísimos” al Rastras, el tío que tanto le jodía. Pero, por suerte o por desgracia, Ricky se lo impidió, poniéndose entre los dos, frenando la pelea. Ricky siempre estaba en todo.

Tras unos cuantos cigarrillos y conversaciones amenas, la diversión se acabó.
¿Qué hacemos? ¿Alguna idea?
Unos cuantos bostezos generales del grupo respondieron mudamente a la pregunta. No había nada por hacer. La niña se puso en pie, dispuesta a irse ya a su casa; se hacía demasiado tarde incluso para su orgullo; pero de nuevo fue Ricky el encargado de hacerla cambiar de opinión.

Che, venga, no te marches todavía. Sin ti no tiene gracia la cosa.
Vamos, Rick, la cosa nunca tiene gracia. No nos aburrimos más porque es imposible. –contestó tratando de esbozar una pequeña sonrisa.
Ricky la abrazó.
Que tonta eres… Que sepas que sólo vengo por ti.
Tengo que irme.

De vuelta a su casa comenzó a pensar en la conversación. No sabía como alguien tan enrollado como Ricky podía quererla a ella. Con sus michelines y su grasa. No le merecía. Tenía que estar guapa para él. Costara lo que costara.

6 meses después…

Una enfermera con bata blanca se acercaba por el pasillo. Llevaba en las manos una bandeja de comida.
Comida…
Seguramente, hacía unas semanas, por principios se habría negado a aceptarla. O se las habría apañado para tirarla. O se lo habría dado a alguien. Eso, hacía unas semanas, ahora no. Estaba en rehabilitación por culpa de una persona. Una sólo persona. Y esa persona no era El Rastras, no era Ricky, no era su padre y no eran siquiera los maniquíes. Esa persona era ella.
Volvió a mirar el plato. Era filete de ternera con ensalada. Le recordaba a las comidas que preparaba su madre, esas que normalmente se le antojaban calóricas y asquerosas. Ahora le parecía más que un manjar exquisito.
Comida…
Mientras degustaba la carne, volvió a pensar en su vida anterior, antes de tener anorexia, en su día a día… Y no le gustó lo que vio. Porque sólo era capaz de visualizar a una niña tonta y estúpida que jugaba a ser mayor; a asistir a fiestas, fumar, desobedecer, y ver las cosas desde una mala perspectiva. Y esa era la verdad. Así había sido.
De repente quiso volver a ser la chiquilla pequeña de antes de todo eso. Mucho antes. La niña sencilla, que se conformaba con unos juguetes para pasárselo bien. La niña que no tenía que preocuparse por engordar o adelgazar, por ir bien vestida o ir mal, por ser como todos o ser a su manera…
La niña a la que ahora añoraba, la que pensaba que quizás se había ido para siempre…
Volvió a mirar la bandeja con comida. Le quedaba poco para terminar.
Y supo que no estaba todo perdido. Claro que no.

Had I known how to save a life…

Carmen (c) 2008

3 comentarios:

Sonia dijo...

Hermoso el cómo retratas un tema tan desagradablemente actual como este. Un beso

Anónimo dijo...

Me ha gustado esta historia. Saludos

Chichi dijo...

holas, curioso el relato ,parece que relataras mi vida. chao.