Diario de un náufrago


18 de Abril de 1863

Nuestra goleta, la "Liberty", naufragó ayer frente a las costas de Sudamérica cuando fuimos sorprendidos por un temporal como mis ojos nunca antes habían visto. Esas gigantescas olas levantaban el barco como si de una cáscara de nuez se tratase, y estoy seguro de que podrían apagar el mismísimo infierno. Doce hombres y un cargamento de azúcar y madera con destino a Londres fue el tributo exigido por el océano en esta ocasión.

Solamente dos afortunados, si es que se puede usar esa palabra en una situación tan desesperada, hemos podido subir al bote salvavidas. Perkins, cocinero de la Liberty, y yo, el segundo oficial.
Y si ayer casi acaban con nosotros los furiosos vientos, hoy es la calma la que destroza nuestros nervios. Ni una ligera brisa sopla sobre este ataúd flotante, que a duras penas se mueve con la fuerza de un solo hombre. Perkins está gravemente herido, y yo escribo lo que quizá sea mi despedida.

21 de Abril

Las fuerzas y la razón me abandonan cuando más las necesito. He remado hacia el oeste hasta caer exhausto con la vana esperanza de divisar tierra. Escribo en el diario para no perder la cordura. Perkins murió la pasada noche azotado por la fiebre y las alucinaciones. Ahora ya descansa mecido por las olas de este mar traicionero.
En el momento del naufragio nos hallábamos a unas quinientas millas de las costas de Brasil, pero más allá de estimaciones personales, desconozco mi ubicación precisa en estos momentos.

26 de Abril

Se acabaron las latas de conserva. Me mantengo con vida gracias al barril de agua y algunas galletas rancias. Tengo un nuevo compañero de viaje, el cual seguramente está tan hambriento como yo, pues lleva varias horas siguiéndome. En otras circunstancias contemplaría complacido la bella silueta de un gran pez , pero ahora mismo solo veo un terrorífico mensajero de la muerte.

27 de Abril

Nunca un hombre estuvo tan solo. Es tan profunda la soledad que empiezo a desear la muerte más que el agua dulce.
Solo mi fiel acompañante, un tiburón de unos tres metros, parece estar dispuesto a no abandonarme. Tal vez por eso golpea el bote con insistencia. Supongo que querrá nadar conmigo.

28 de Abril

Oh, dulce Cristine. Si no te vuelvo a ver, has de saber que mis últimos pensamientos fueron para ti. Seguiríamos juntos si no me hubiese embarcado, como me suplicaste con vehemencia. Dulce Cristine, como siempre, tenías razón. Pensaba llevarte grandes tesoros y en realidad pierdo el único que tenía. Oh, Cristine, es tanto el amor que siento por ti.

[...]

- Eso es lo único que queda del diario, capitán. El resto estaba empapado o hecho trizas en el estómago del animal.
- Seguramente el infeliz estaba inconsciente, o a lo mejor muerto, y no sintió nada mientras lo devoraba el escualo. O eso quiero creer.
- ¿Qué hacemos con el diario, señor?
- Localicen a la viuda y entréguenselo. Es lo único que podemos hacer. Albert...
- ¿Señor?
- Su marido murió ahogado.
- Si, señor.


giorgiopay (c) 2008

1 comentario:

Luis G. dijo...

Me parece muy original. Hermosa historia.