Héroes y villanos


¡Qué distintas se ven las cosas según las circunstancias y el momento! - pensaba Klauss Jodl

El muro que tenía enfrente, con piedras cuidadosamente encajadas unas con otras, las ramas agitadas suavemente por la brisa, el polvo que se levantaba en el suelo y que se elevaba en torbellino hacia las alturas, le parecían ahora algo hermoso.
La vida, los recuerdos, la familia. Todos esos ingredientes de una receta que no supo elaborar o que el azar o el destino no le habían permitido cuidar lo necesario.

La vida de aquellos, que en algún momento debió parecerle algo sin valor, prescindible en un mundo que sería creado partiendo de cero, cobraba ahora un valor incalculable para él. Los llantos de aquellos que no salvó eran clavos ardiendo en su conciencia.
Una lágrima quiso acariciar su mejilla derecha, pero fue capaz de evitarlo con un ligero soplo dirigido hacia esa zona. No más lágrimas.

¿Cuántas personas muertas?, ¿Cuántos pueblos destruidos?... ¿Cuántas veces tuvo la oportunidad de pararse a pensar... y no lo hizo?. Por miedo, por honor o por convicciones. Eso carecía de importancia ya. Un simple giro del destino le habría convertido en héroe. Y podría pasear orgulloso por su pequeña ciudad, de la mano de su amada Ilse. Tendrían hermosos hijos que cuidarían con dulzura. Y cuando fuesen lo suficientemente maduros para escuchar y comprender, les narraría viejas historias de héroes y villanos. Y les hablaría del sacrificio de toda una generación de jóvenes alemanes que amaban a su país por encima de todo.

Pero todo esto se torció. Los sueños se desvanecieron cuando la realidad le despertó violentamente. No podía ser de otro modo.
Ahora él era el villano, el cobarde, el asesino. Ya no vestía un uniforme reluciente ni tenía subordinados que saludaran con respeto a su paso. No disponía de chófer particular ni guardia personal. Su cara reflejaba amargamente los castigos, humillaciones y privaciones de ocho meses de cautiverio. Le habían quitado incluso a su familia. Su vida no le importaba a nadie, ni a él mismo. Ya se había hecho a la idea de que era el fin. De nada servía lamentarse.
La imagen más bella de su vida, la que se llevaría con él al otro mundo, la contempló curiosamente en los instantes finales. Y para él fue el vuelo de un vulgar pájaro, acaso un gorrión, que recorrió el patio describiendo un círculo alrededor de donde él se encontraba. Le pareció una emotiva despedida.

Las manos estaban inmóviles, atadas con fuerza al poste de madera. No intentó soltarse, empujado por su instinto de supervivencia, ni ladeó la cabeza cuando le colocaron la venda en los ojos, algo perfectamente comprensible en una situación como esa.
En el interior de la venda, cerró los párpados y oyó el estruendo de los disparos.
Y al final, el descanso.

Jorge (c) 2008

2 comentarios:

Héctor dijo...

Muy bueno. Suelo enviar historias a otras webs pero creo que me quedo con esta. Me gusta la selección que hacen aquí. Saludos desde Honduras.

tijeritas dijo...

Esta bién , es una historia interesante.Sigue así campeon.