La píldora


Habían pasado las primeras horas de la noche de manera formidable y las que les quedaban se veían venir mucho mejores. Tras la cena, las primeras copas. Ese subidón de alcohol al cerebro por medio de la sangre, luego esas dulces miradas, ese primer tímido beso y, tras caricias en las manos e indirectas que trataban de ser directas, ella aceptó la proposición de culminar la velada en su apartamento.

Así pues, se encontraban en el recién renovado ascensor del céntrico edificio que hacía esquina entre Silverthome St y Queenstown Rd . Puede que no venga a cuento decir que era una noche no del todo despejada, ni del todo estrellada, que era una noche de luna llena y, quizás por culpa de esa luna de la cual surgen diversas leyendas, el instinto masculino, ayudado por la espontaneidad que nos aporta el alcohol, se apoderó del Dr. O'Gallaham cuando aquella mujer, con cara de ángel, le regaló sus ojos en una aparentemente interminable mirada y atacó con sus labios como inofensivas pero contundentes armas. Ella, llena de pasión como esa niña que espera ansiosa a que se pueda abrir la caja de bombones, le rodeó el cuello con sus brazos y correspondió de la misma forma apoderada de su instinto femenino, en un beso cuyo objetivo era el placer.

Sus manos iban mas rápidas de lo que su mente podía prever, pero el ascensor se detuvo como en algún momento era de esperar y, como atemorizados o respetuosos ante un murmullo que se oía no muy lejos, bajaron la guardia por unos instantes. Él trató de adecuarse la corbata y su chaqueta negra, anterior modelo al que días antes había presentado Armani en Cibeles, y ella intentó revestir bien su blusa blanca y bajarse un poco su falda gris a cuadros de Channel tras recoger del suelo la chaqueta y el bolso de los cuales había renegado segundos antes como fruto de la pasión.
Había sido una falsa alarma, los murmullos provenían de la segunda planta, ellos estaban en la tercera, pero ya daba igual. Él sugirió un chiste como recurso para calmar un poco los nervios y ella ,con una ligera sonrisa , pareció aceptarlo de buen grado, aunque su mirada se desviaba más hacia la llave que daba vueltas en la cerradura.

Tan pronto el abrió la puerta y avanzó los primeros metros de su elegante apartamento, ella no dió pie a que sus ojos advirtiesen a su mente del color de los muebles. Se abalanzó sobre él con un enorme beso rodeándole el cuello con sus brazos, cerró con una pequeña patada de la suela de su zapato izquierdo de tacón y lo arrastró con ella unos cinco metros hacia el sofá de cuero en el cual cayeron los dos culminando un enorme y agradable beso de tornillo. Mientras seguían besándose, calentamiento previo al partido que iban a disputar, se iban despojando de sus ropas en un alarde de pasión y ella empezó a crear un pequeño conflicto en su cabeza: no podía continuar, tenia que abortar esa situación o el plan se iba al garete, estaba en la situación idónea, un minuto más y todo se iría al traste. Pero empezaba a gustarle demasiado aquello y deseaba continuar, sus hormonas empezaban a encontrarse en plena madurez y eso era lo que antes le habían advertido. Llegado a tal punto tomó la decisión, así pues aprovechó un momento en el cual estando entre el sofá y su pretendido, que se entretenía ahora besándole los pechos, ella estiró el brazo lo más disimuladamente que pudo y, tras alcanzar su revólver en el interior del bolso con su brazo derecho, el único disponible en ese momento, apuntó a la sien del doctor y no dudó en asestarle un par de tiros.

Le costó un poco más de la cuenta quitarse el cadáver de encima, pues no se acostumbraba a un cuerpo tan débil. Aun así logró evadirse. Se levantó semidesnuda y al contemplar su silencioso alrededor, no pudo evitar contemplarse a si misma en un espejo que colgaba de la pared. "Soy tan guapa y estoy tan buena que hasta yo me enamoraría de mi misma" se decía para si misma mientras sonreía vagamente. Miró hacia el suelo y al contemplar el cadáver ensangrentado entre el sofá de cuero y una mesa de cristal se entristeció un poco, le estaba gustando la experiencia de disfrutar del amor siendo mujer y ya no podría volver a hacerlo puesto que como mujer estaría perseguida por la ley.

Se dirigió por el oscuro pasillo hacia la primera habitación que había a mano derecha y entró. Se disponía a registrar todos los cajones en busca de los documentos que necesitaba para culminar su trabajo, pero solo necesitó abrir uno. La cosa iba bien puesto que iba según el tiempo previsto. Seguidamente se volvió a la salita y se volvió a vestir mientras contemplaba el cuerpo sin vida del doctor. Tras ello salió por la puerta en medio de sollozos de debilidad y se dirigió hacia Heathbrook Park, donde tenía su coche y su ropa. Se detuvo en una pequeña fuente con la figura de una madre con un jarrón, dando de beber a, lo que se suponía, era su hijo. Abrió su bolso y extrajo una caja en la cual tenía una píldora. Se la tragó con dos sorbos de agua y se dirigió al coche, donde cambiaría de ropa y de vida, mientras notaba como sus hormonas iban cambiando otra vez y que esa tristeza femenina de haber perdido un amor, se iba convirtiendo en alegría masculina por el trabajo bien hecho.

JMCG (c) 2007

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto es mierda pura.

Agal dijo...

Efectivamente entretenido

Agal dijo...

Tengo ganas de leer un relato del listillo y escatológico "anónimo"...

elismen dijo...

porque no meteis vuestros relatos colegas seguro que si os animais esta pagina sera la numero one.Muchas gracias "Pay" por tu estupendo relato.

Anónimo dijo...

elismen, gracias por tu aportación. Sin embargo he de decirte que el relato pertenece a Juan (JMCG).

R.E