Los ratones


- Abuelo, ¿por qué tenemos que morir?
- Porque
así lo tiene establecido la madre naturaleza.
- Pero la naturaleza no es alguien, es todo: los arboles, el cielo, las nubes, los animales, ...
- ...Ya lo sé, hijo mio, pero es algo que esta
ahí, de algún modo, manteniendo el equilibrio para que no existan cosas irreales y... bueno, para que me entiendas mejor, te voy a contar una historia que le pasó a un gran hombre,
una persona muy inteligente que vivió en la tierra:


Hace muchos años existió un hombre,
Johan Bermeulen se llamaba, el cual tenía miedo a tener que morir y abandonar este mundo para siempre. Todos tenemos o tuvimos miedo de ello alguna vez, pero él cuando pensaba en la frase "morir para siempre", para él,"siempre" significaba un "SIEMPRE" muy grande y de solo pensarlo se ponía pálido empezaba a temblar y a sudar y le daban unos ataques de pánico terribles. Afortunadamente, la auténtica vocación de este hombre era la medicina y para ello estudió duramente durante sus años jóvenes. Exactamente sino me equivoco fueron 20 años estudiando sin descanso para llegar a ser lo que llego a ser, un gran médico y excelente químico.

Su tiempo libre, que no era mucho, lo empleaba casi por completo a un experimento en el que llevaba estudiando algunas décadas, el cual, de ser exitoso, curaría su gran enfermedad psicológica. Su experimento,que suena a imposible, era el de elaborar, tras un complejo proceso, unas cápsulas que, tomadas con cierta periodicidad evitaban el envejecimiento de los órganos del cuerpo y una recuperación, en caso de tener una herida, prácticamente instantánea.Por lo tanto digamos que con ellas eras inmortal. Tal y como él lo
veía; tu podías arrojarte desde un quinto piso o ponerte delante de un autobús que aunque destrozases todo tu cuerpo, al momento se recuperaba. Algo imposible, dirás tu.Así estuvo trabajando en ello duramente durante décadas, como bien dije antes, hasta que una buena noche, en lo que pareció un posible regalo de la madre naturaleza hacia este hombre, esta le envió un suspiro de inspiración y, tras unos ligeros cambios en sus hasta entonces erróneos cálculos obtuvo la formula y las cantidades exactas de las mezclas para la elaboración de dicha pastilla. Estuvo hasta altas horas de la noche, creando la primera cápsula y, cuando ya la tenia, se planteó usar un ratón como cobaya (nunca mejor dicho), para poder comprobar los efectos secundarios.

Los resultados, obviamente no iban a ser inmediatos y, como era muy tarde, se fue para cama a dormir,
aunque no sin antes pasar por la cocina a tomar un vaso de leche caliente.
Al despertar se dirigió, como de costumbre, a la cocina, abrió la nevera, cogió una botella que tenía zumo de naranja y lleno un vaso. Abrió una caja de galletas que había olvidado guardar el
día anterior, cogió dos galletas y se fue comiendo y bebiendo, con las galletas en una mano y el vaso en la otra, hacia su laboratorio. Al llegar allí observó al pequeño roedor, que corría incansable por la noria de su jaula y creyó conveniente hacer las primeras valoraciones de su experimento. Así pues, tras acabar su desayuno y pese a encontrarse todavía sin asearse y con pijama, se fue hacia la jaula, la abrió, agarró el animal con una mano y un bisturí con la otra, y sin pensárselo dos veces le hizo una pequeña incisión.
Con gran asombro observó como su experimento obtenía un resultado positivo, la herida prácticamente al mismo tiempo que se iba abriendo de un lado se iba cerrando del otro. El hombre no daba
crédito a lo que veía, todos sus cálculos eran correctos, tantos años de trabajo habían dado su fruto, le había ganado una partida a la madre naturaleza, una gran partida,

la mejor partida de todas y ahora se sentía como el rey del mundo, o algo mas: como un Dios! ¡Podía hacerse inmortal! Todos sus miedos iban disminuyendo en proporción inversa a su alegría, la cual era cada vez mayor,
así que sin mas demora, a toda prisa y, con unos enormes nervios producidos por la felicidad, se puso a producir más y más cápsulas.
En medio de esa fiesta el ratón aprovechó el descuido de su amo para escapar por la casa adelante y ese fue el mayor error del entusiasmado
Johan Bermeulen y la mayor traición a su especie, pues como bien sabrás los ratones se aparean bastante rápido o por lo menos este lo hizo y por cada cinco ratones que "creaba", uno conservaba la inmortalidad del padre y estos privilegiados a su vez se apareaban y creaban otro porcentaje de ratones inmortales y así al cabo de unos meses la tierra estaba llena de ratones que no morían hicieses lo que hicieses: la gente les echaba veneno por todos los rincones, pero comían y no les pasaba nada, Llenaban la casa de gatos, pero estos morían porque los ratones seguían vivos dentro de ellos y los destrozaban por dentro, les ponían trampas, les tiraban piedras, les ponían bombas, pero nada, salían ilesos. Y lo peor de todo es que llegó un momento que eran tantos que quedaban sin comida y empezaban a roer todo lo que encontraban, y no me refiero a zapatillas, libros y esas cosas, sino a seres vivos: perros, gatos, gallinas,..etc, incluso a hombres.

Traían y producían pestes y el mundo se convirtió en un caos:
imagínate un mundo en el que todo el suelo estaba lleno de ratones. Pisabas y se te subían por las piernas, mirabas a las casas y veías las paredes y los tejados llenos de ratones, incluso los humanos intentaron protegerse intentando vivir en el mar, donde se suponía que no iban a llegar, pero al no morir podían nadar y bucear sin dificultad. Es ahí, en ese momento, cuando la madre naturaleza no fue capaz de dar solución al enorme caos, se despertó Johan Bermeulen.

Todo fuera una enorme pesadilla, una pesadilla o un mensaje de la "madre". El caso es que se levantó a toda prisa y se fue corriendo a su laboratorio y al llegar miró hacia la jaula donde se suponía que debía haber un
ratón y allí lo vio,...pero muerto. Había fallecido por algún motivo, cualquier fallo en cualquier operación en una décima determinada, pero ese fallo fue el alivio de Johan, el cual se fue tranquilo, tras apagar la luz de su laboratorio, otra vez a dormir un poco mientras se repetía una y otra vez que lo mejor era abandonar el proyecto.
Pero el tiempo calma los miedos y borra los malos recuerdos, por ello tras dos años olvidados en un cajón, los informes del proyecto vieron de nuevo la luz y
Johan decidió estudiarlos de nuevo. Observó diversos fallos debidos, según el, a los nervios de la emoción sufrida tras aquel momento de inspiración los cuales modificó en unas horas y, tras revisar todo de nuevo unas cuantas veces elaboró otra cápsula. Decidió no precipitarse y guardarla en un lugar seguro durante unos dias mientras pensaba como actuaba con ella. Dos días mas tarde ya tenía decidido todo: la guardaría en un lugar seguro y no la tomaría hasta sus últimos días, así si moría por algún error apenas perdería días de vida y si funcionaba sería inmortal. Cabía la posibilidad de morir inesperadamente antes de lo previsto, pero debía correr ese riesgo, pues probarla ahora era muy arriesgado y ya no quería saber nada de cobayas.

Era un tipo con suerte, siempre lo había sido, y por ello se
vio a los 88 años de edad en el antiguo hospital donde ejerciera la profesión de doctor toda su vida, pero esta vez no era como médico, sino como paciente, como paciente que estaba a punto de morir, pero no de enfermedad, sino de viejo, tal y como siempre deseara. Un día, viéndose que ya tenía poco que perder en cuanto a tiempo y manteniendo todavía su temor a abandonar la vida, reunió a su familia en su habitación, la 257, habiendo encargado previamente a su hijo que le llevase la pastilla que tanto trabajo le había costado obtener. Les contó a todos el trabajo que le había dado conseguir tal píldora, pero no vio conveniente contar nada del sueño. Les dijo también que la pastilla no había sido probada, que su idea y último deseo era probarla antes de morir, delante de todos ellos, ya que así por lo menos podría despedirse de todos. Nadie se lo objetó, era su vida y era el último deseo del viejo, su voluntad, así pues el viejo Johan pidió un vaso de agua, el cual acerco a su boca con su tembloroso brazo, propio de un hombre de su edad, ingirió la pastilla y bebió un sorbo...un minuto después su cadáver yacía en aquella blanca cama...su deseo no había sido cumplido y sus temores confirmados y, de pronto, se empezaron a escuchar los sollozos de sus familiares.

- Pero...abuelo...¿ no dijiste que fue famoso? ¿De dónde salió su fama?
- Lo de su fama surgió semanas mas tarde:
Dos días mas tarde, tras el funeral, su hijo,
Ben Bermeulen, que también ejercía la medicina, entró en el laboratorio de su padre, parece ser que a buscar un documento de su padre que su madre necesitaba y no encontraba por ningún sitio. Se puso a buscar y de casualidad encontró unos papeles que le llamaron la atención: los documentos del experimento de su padre. Pensó que sería bonito culminar su obra, así que les echó un vistazo. Los vio lógicos así que los guardó en su maleta y se los llevó a su casa para estudiarlos tranquilamente. Le llevó unas dos semanas estudiarlos y corregir los supuestos errores cometidos por su padre pero finalmente, cuando terminó su estudio, logró hacer una nueva cápsula.
Él no iba a cometer el "error" de su padre, no iba a arriesgar su vida, así que cogió un ratón y se lo inyectó para comprobar si el experimento había sido un éxito, esperó unas horas y al ver que el ratón no moría,
decidió comprobar la eficacia de la pastilla. Le practicó una incisión y tal y como sucediera en el sueño de su padre a medida que se iba abriendo la herida de un lado se iba cerrando del otro. El experimento había sido un éxito y, gracias a él, ahora su padre podría ser galardonado con un gran premio Nobel de la medicina que le daría la inmortalidad, aunque solo fuese de su nombre. -Un premio Nobel de medicina- se decía para si. Metió al pequeño animal en la jaula, la cerró y se fue de la habitación.

Hasta ahí fue todo bien, pero lo malo vino cuando un día, sin darse cuenta, dejó la puerta de la habitación entreabierta y cuando llegó de nuevo se encontró la habitación revuelta, la jaula en el suelo y el ratón ya no estaba. Al parecer había entrado su gato y al ver el ratón se puso a jugar con él, le propinó un zarpazo a la jaula, esta cayó, se abrió y el ratón escapó. El gato lo siguió y montó el estropicio al tropezar con todo lo que encontraba. A partir de ahí todo fueron problemas: el
ratón se apareó, tuvo ratoncitos y algunos salieron genéticamente al padre, con lo cual eran inmortales, y estos a su vez procrearon mas, así que la tierra se vio invadida por ratones inmortales en pocos meses.
Como puedes comprobar, seguimos todos vivos y en la tierra no hay ratones inmortales. Eso es porque ante el alarmante problema, los grandes dirigentes de la
ONU se reunieron y decidieron abrir una operación de busca y captura de esos ratones, en cuanto los iban cogiendo, los iban separando: machos por un lado, hembras por otro; así por lo menos no procreaban mas entre ellos. Cuando supuestamente juntaron todos, o al menos una enorme cantidad, aprovecharon el lanzamiento de una sonda que enviaban a Marte para enviar a los machos y otra, más tarde, para enviar a las hembras, al espacio. Se deshicieron de las cápsulas existentes y se suponen que pusieron a buen recaudo los informes del experimento. Y ahora por ahí están los ratones, perdidos por el espacio, aunque periódicamente se examinan los que hay en la tierra por si quedase alguno, aparte de que los científicos intentan buscar un antídoto contra la inmortalidad (curioso).

- ¿Y los del espacio van a estar encerrados para siempre?
- Eso parece, van a tener vida eterna para nada.
- Y cuando sientan hambre, ¿Qué van a comer?
- Esa es una pregunta muy inteligente hijo mío, supongo que se
comerán entre ellos, pero piensa: ninguno de ellos puede morir, "son inmortales". Pero tranquilo hijo, la naturaleza es la madre mas sabia, ella sabrá solucionarlo de la forma mas lógica y sensata.

JMCG (c) 2007

1 comentario:

David dijo...

Ejem...