El asesino


Se habían citado a las siete de la tarde, y puesto que todavía faltaban 10 minutos, pidió una cerveza que bebió lentamente, sentado en la barra de aquel oscuro y viejo bar llamado "La Gruta".
A las 6.58 PM se sentó a su lado un hombre de unos cincuenta años, impecablemente vestido con un traje negro, de un metro setenta aproximadamente, que le saludó sin dejar de mirar al frente. Acordaron el precio y el lugar del asesinato: Cinco mil euros, restaurante "El Rocinante", al día siguiente a las 3 de la tarde. Allí estaría el infeliz que recibiría el disparo a bocajarro de un desconocido.
No lo conocía, y tampoco sabía las razones por las cuales debía morir, ni si lo merecía. Eso le daba igual, no le importaban los motivos, solamente el dinero. Era un buen trabajo para un tipo duro y sin alma como él. Un profesional que cumplía con su trabajo de forma eficiente, sin hacer preguntas. Muy al contrario de esos chapuzas portugueses que matarían a palos a su propia madre por trescientos euros. Esos hijos de puta se estaban cargando el negocio. Se despidieron.

No pasó la noche dando vueltas en la cama sin poder dormir, ni tuvo luchas internas sobre si debía hacerlo o no, en realidad no le dedicó al asunto más de 5 minutos , el tiempo que le llevó sacar el revólver del compartimento oculto en el armario. ¿A cuantas personas había mandado al otro barrio? ¿Tal vez doce? Tal vez más. Lo cierto es que hacía ya tiempo que no llevaba la cuenta, cuando su trabajo se convirtió en algo tan rutinario como levantarse cada día.
A la mañana siguiente desayunó un vaso de whisky como era costumbre en él, compró el periódico en el quiosco de siempre, lo leyó en el bar de siempre, saludó a un vecino y subió a su viejo Ford Sierra del 87. Condujo con la música a volumen bajo, le encantaba el jazz, hasta llegar al aparcamiento del restaurante y aguardó pacientemente mientras trataba de memorizar el rostro de su victima ayudado por una fotografía en blanco y negro.

Tres cigarrillos y medio mas tarde lo vio bajar de un coche blanco acompañado por una señorita y otro hombre más mayor.
Momentos despues los observaba a traves de los cristales mientras conversaban y degustaban el mejor vino de la carta riendo y gesticulando, animados por el alcohol que desaparecía de sus copas casi tan rápidamente como tardaba el camarero en traerles otra botella.
Jugueteó con una moneda de 50 céntimos haciéndola pasar entre sus dedos una y otra vez mientras esperaba. Era el momento de actuar.
Se puso una gorra y unas gafas oscuras antes de salir del coche , y entró en el restaurante . Se dirigió hacia la mesa pausadamente para no levantar sospechas. Ahora ya solo
le separaba un metro del elegante y sonriente desconocido al que debía matar. Le miró de frente para asegurarse de que era él, sacó la pistola y le apuntó a la cabeza. Todo el miedo del mundo se concentraba ahora en los ojos asustados de aquel joven que momentos antes reía, ignorando la sorpresa que le reservaba el destino.

Deslizó su dedo sobre el gatillo suavemente. No pasó nada. Volvió a intentarlo...nada tampoco.
-Disculpen ustedes, dijo dándose la vuelta y alejándose precipitadamente mientras observaba a las tres personas que se encontraban ahora debajo de la mesa cubriéndose la cabeza con los brazos.
Subió al coche y mientras se alejaba de allí a la velocidad del rayo se daba golpes en la frente gritando: - Gilipollas!!! LAS PUTAS BALAS!!!!

giorgiopay (c) 2007

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