Dos desconocidos



Le habían dicho que este sería el día más importante en la historia del siglo XX, que sería recordado por las generaciones futuras como una hazaña extraordinaria. Los alemanes estarían apostados en las playas esperándolos para tratar de frustar el plan, sin embargo ellos contaban con el factor sorpresa.
Gary pensó entonces en su familia y amigos cuando regresase a su país. Le abrazarían y tal vez en su pequeño y aburrido pueblo le prepararan algo especial. Lo cierto es que su vida no tenía nada de especial y Gary lo sabía bien. Su padre había fallecido siendo él muy joven y había tenido que ponerse a trabajar, primero como repartidor de periódicos, para posteriormente entrar en una fábrica de madera donde llevaba tres años cuando estalló la guerra.
Y ahora se encontraba en una pequeña lancha a punto de desembarcar en la playa asignada a los americanos en la costa de Normandía, denominada en clave playa de Omaha. Mentiría Gary si dijera que no tenía miedo. Mentirían todos los que estaban a su lado. Miró a su alrededor: Uno de los jóvenes soldados vomitaba en un rincón de la lancha. Otro besaba un crucifijo mientras hablaba en voz baja. Otros miraban fotografías de sus seres queridos. A Gary le bastaban los recuerdos y el chicle sin sabor que mascaba desde hacía dos horas, pero prefería concentrarse en la llegada a la playa para la cual faltaban no más de quince minutos, pues ya se escuchaba el rugir de los cañones emplazados a lo largo de la costa así como los de los destructores que apoyaban el desembarco.
"Si salgo de esta todo irá bien. Este es el momento más crítico pero después de esto no puede haber nada peor. Tengo que mantenerme con vida". Entonces se abrieron las compuertas que daban hacia la playa y dieron la orden de bajar. En riguroso orden empezaron a correr hacia la orilla. Gary miraba caer muertos a algunos de sus compañeros apenas apoyaban el pie en el suelo. Por todas partes se escuchaba el ruido de las ametralladoras alemanas. Si existía el infierno, pensó Gary, tenía que ser algo parecido a esto.
Tenía en frente suyo una roca, si llegaba hasta ella estaría, al menos momentáneamente a salvo. Faltaban solamente diez metros. En su cabeza un torbellino de pensamientos mezclado con imágenes confusas le atormentaban. Solo tenía ganas de regresar a su aburrida vida de antes, a su monotonía, a su tranquilidad con la gente que quería. Continuó corriendo. Una fracción de segundo sintió un golpe en la frente. Y ahí terminó todo. Un soldado que iba detrás , otro soldado joven y asustado como él, se agachó para recoger el arma que Gary había dejado caer sobre la arena y continuó a la carrera hasta ponerse ponerse a salvo, oculto por la roca.
--------------------------------------------------------------------------------------
Reinhard era un joven alemán de 24 años. Fue llamado a filas cuando comenzó la guerra y ya se consideraba dentro de la Wehrmacht un veterano. Había sufrido lo indecible en esta guerra ya que fue destinado al frente del Este a luchar contra los rusos. Ahí quedó sordo del oído derecho por una explosión a pocos metros de donde se encontraba. Después fue destinado a Francia, algo que se consideraba una suerte en esos momentos de la guerra, para defender la costa de una inminente invasión anfibia aliada.
Tenía una hermana pequeña a la que no había visto crecer, y una madre que se consumía en casa con la tristeza de esperarle mientras observaba como las bombas destruían la ciudad y a sus habitantes, en su mayoría viejos y niños; y un padre que había luchado en la primera guerra mundial pero que ya era mayor para participar en la segunda.
Y ahora Reinhard se encontraba tumbado en una trinchera en una playa francesa esperando el temido desembarco que tarde o temprano habría de producirse. Y el día por fin había llegado. Las cosas no pintaban muy bien para los alemanes, otrora poderoso ejército de soldados invencibles. Pero la situación había dado un vuelco de ciento ochenta grados y ahora eran los propios alemanes los que se encontraban a la defensiva, algo impensable un par de años antes.
A lo lejos ya se divisaban los barcos aliados. Era algo espectacular. A lo largo de todo el horizonte podían verse embarcaciones de todos los tamaños.
Pensó en su corta vida y en el gran sufrimiento que ya le había tocado vivir. Pensó en todos los compañeros muertos en el campo de batalla. Pensó en su familia por la que estaba dispuesto a dar la vida. Este era un momento crucial, si fallaban ahora la guerra estaría perdida.
El fusil apenas se sostenía quieto entre sus temblorosas manos. Las lanchas se aproximaron a la playa y de ellas comenzaron a salir apresuradamente miles de jóvenes como Reinhard. Muchos no sabían siquiera por qué estaban allí. Solo sabían que delante tenían al enemigo y que había que matarle.
Comenzó a disparar con la única ametralladora que tenía a mano hasta que se agotaron las municiones. Estaba muy asustado, aquello parecía el día del juicio final. Poco a poco los aliados iban tomando posiciones, avanzando hacia donde él se encontraba. A su alrededor compañeros muertos sobre grandes charcos de sangre. Vio a un soldado enemigo dirigirse hacia una gran roca. No podía permitir que llegase a ella, pues era una posición privilegiada. Cogió el fusil que había posado junto a sus pies. Como pudo trató de no errar el disparo. Apretó el gatillo en un movimiento seco .
Unos metros más allá un joven soldado americano yacía ahora sin vida sobre la arena; otro se agachaba junto a él, recogía algo y avanzaba para cubrirse detrás de la roca. "

giorgiopay (c) 2006

1 comentario:

Jonh Neo dijo...

Hey Jorge, I want to introduce you a article site:
http://global-in-arm.com
See u soon, Jorge